The Expanse

El despertar del Leviatán

El despertar del Leviatán - James S. A. Corey

Bienvenidos al futuro…

La humanidad ha colonizado el Sistema Solar: Marte, la Luna, el cinturón de asteroides y más allá, pero las estrellas aún están fuera de nuestro alcance. Jim Holden es segundo de a bordo de un transportador de hielo que realiza misiones entre los anillos de Saturno y las estaciones mineras del Cinturón.

Cuando su tripulación y él se topan con la Scopuli, una nave abandonada, descubren un secreto que desearían no haber encontrado. Un secreto por el que alguien sería capaz de matar, matar a una escala que Jim y su tripulación no imaginan. La guerra en el Sistema Solar está a punto de comenzar, a menos que sean capaces de descubrir quién abandonó la nave y por qué.

El inspector Miller busca a una chica. Una chica entre mil millones, pero los padres de ella son gente adinerada, y el dinero lo es todo. Cuando las pistas lo llevan a la Scopuli y a Holden, un simpatizante de los rebeldes, se da cuenta de que aquella chica quizá sea la clave de todo.

Holden y Miller deben atar los cabos entre el gobierno de la Tierra, los revolucionarios de los planetas exteriores y corporaciones secretas, y lo tienen todo en su contra. Pero en el Cinturón hay otras reglas, y una pequeña nave puede cambiar el destino del universo.

Libro Impreso Kindle

Prólogo

Julie

Habían tomado la Scopuli ocho días antes, y por fin Julie Mao estaba lista para recibir el disparo.

Llegar a ese punto le había costado los ocho días que llevaba encerrada en una taquilla de almacenamiento. Los dos primeros se mantuvo inmóvil, segura de que los hombres acorazados que la habían dejado allí iban en serio. Durante las primeras horas, la nave a la que la habían llevado no estaba en propulsión, por lo que Julie flotaba en la amplia taquilla y daba suaves toques para evitar chocar contra las paredes o con el traje de presurización con el que compartía habitáculo. Cuando la nave se empezó a mover y la propulsión le devolvió su peso, se quedó de pie en silencio hasta que empezó a sentir dolor en las piernas contraídas, para luego pasar poco a poco a la posición fetal. Orinó en el mono e hizo caso omiso del calor, la humedad, el escozor y el olor, preocupada solo por no resbalar y caer en el charco que había dejado en el suelo. No podía hacer ruido. Le dispararían.

El tercer día, la sed la obligó a ponerse en marcha. El ruido de la nave era lo único que oía. El murmullo sordo, tenue e infrasónico del motor y el reactor. Los continuos siseos y golpetazos de la hidráulica y los cerrojos de acero al abrirse y cerrarse las puertas presurizadas que separaban las cubiertas. El retumbar de las botas pesadas que resonaba en el entramado metálico. Esperó a oír solo ruidos lejanos y luego descolgó el traje de presurización y lo dejó en el suelo de la taquilla. Lo desmanteló sin dejar de escuchar por si se acercaba algo y sacó el suministro de agua. Era un agua vieja y rancia, de un traje que, sin duda, llevaba una eternidad fuera de uso y mantenimiento. Julie no había probado trago en días y el agua templada y cenagosa de la reserva del traje le pareció la mejor que había bebido jamás. Tuvo que contenerse para no terminársela toda y que le provocara náuseas.

Cuando le volvieron a dar ganas de orinar, sacó la bolsa del catéter del traje y la usó para aliviarse. Se sentó en el suelo, ahora acolchado gracias al traje mullido, y casi le resultó cómodo, y se preguntó quiénes serían sus captores: ¿la Armada de la Coalición, piratas, algo peor? A veces se permitía dormir.

El cuarto día, la soledad, el hambre, el aburrimiento y la progresiva escasez de lugares en los que almacenar la orina la decidieron a ponerse en contacto con ellos. Había oído gritos de dolor amortiguados. En algún lugar cercano estaban torturando o golpeando a sus compañeros de tripulación. Si lograba llamar la atención de sus secuestradores, quizá conseguiría que la llevaran con los demás. Eso no estaría mal. Podía soportar los golpes. Parecían un buen precio a pagar a cambio de volver a ver gente.

La taquilla se encontraba junto a la puerta interior de la esclusa de aire. Durante las travesías era una zona poco concurrida, aunque en realidad Julie no tenía ni idea del diseño de esa nave en particular. Pensó en qué decir, cómo presentarse. Cuando por fin oyó que algo se acercaba, probó a gritar que quería salir de allí. Se sorprendió de lo áspera y acartonada que salió la voz de su gaznate. Tragó, intentó fabricar algo de saliva moviendo la lengua y lo volvió a intentar. El mismo estertor quedo surgió de su garganta.

Había gente justo al otro lado de la puerta de la taquilla. Oyó que alguien hablaba en voz baja. Julie ya había movido el brazo para dar un golpe en la puerta cuando oyó lo que decía.

«No. Por favor, no. Por favor».

El despertar del Leviatán – James S. A. Corey

James S. A. Corey. Es el seudónimo utilizado por los escritores Daniel Abraham (14 de noviembre de 1969) y Ty Franck (18 de mayo de 1969).​ El nombre y el apellido se toman de los segundos nombres de Abraham y de Franck respectivamente, y S.A. son las iniciales de la hija de Abraham. Este alias emula al de muchos de los escritores de space opera de la década de 1970.4​ En Alemania, sus libros son publicados bajo el nombre de James Corey, con las iniciales del segundo omitidas.