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Serie: Tomo I

Historia de mi vida

Historia de mi vida - Giacomo Casanova

Las Mémoires de Casanova constituyen el cuadro más completo y detallado de las costumbres de la sociedad del siglo XVIII: una auténtica autobiografía de ese periodo. Probablemente ningún otro hombre en la historia haya dejado un testimonio tan sincero de su existencia, ni haya tenido una vida tan rica, amena y literaria junto a los más destacados personajes de su tiempo.
Escrito en francés, en sus años de declive, cuando Giacomo Casanova (1725-1798) era bibliotecario del castillo del conde Waldstein en Bohemia, el manuscrito de sus memorias fue vendido en 1820 al editor alemán Brockhaus. Éste encargó su edición a Jean Laforgue, quien no se conformó con corregir el estilo, plagado de italianismos, sino que adaptó su forma de pensar al gusto prerromántico de la época, censurando pasajes que consideraba subidos de tono. En 1928, Stefan Zweig se lamentaba de la falta de un texto original de las Mémoires que permitiera «juzgar fundadamente la producción literaria de Casanova». No fue hasta 1960 cuando la editorial Brockhaus decidió desempolvar el manuscrito original para publicarlo por fin de forma fiel y completa, en colaboración con la francesa Plon. La edición de Brockhaus-Plon se había traducido al inglés, alemán, italiano y polaco, pero no al español.

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Prefacio

Empiezo declarando a mi lector que, en todo lo que de bueno o de malo he hecho en mi vida, estoy seguro de haber merecido elogios y censuras, y que por lo tanto debo creerme libre. La doctrina de los estoicos, y de cualquier otra secta, sobre la fuerza del Destino es una quimera de la imaginación que lleva al ateísmo. Y yo soy no solo monoteísta, sino cristiano fortificado por la filosofía, que nunca ha echado nada a perder.

Creo en la existencia de un Dios inmaterial creador y dueño de todas las formas; y lo que me demuestra que nunca lo he dudado es que siempre conté con su providencia, recurriendo a él en todos mis infortunios mediante la oración, y siendo siempre escuchado. La desesperación mata; la oración la hace desaparecer, y tras ella el hombre confía y actúa. En cuanto a los medios de los que el ser de los seres se sirve para apartar las desgracias inminentes sobre quienes imploran su ayuda, es una búsqueda que está por encima del poder del entendimiento humano, que en el mismo instante en que contempla la incomprensibilidad de la Providencia divina se ve obligado a adorarla. Nuestra ignorancia se convierte en nuestro único medio; y los verdaderamente felices son quienes la aman. Por lo tanto hay que rogar a Dios, y creer que hemos obtenido la gracia incluso cuando la apariencia nos dice que no la liemos obtenido. En cuanto a la postura del cuerpo que debe adoptarse cuando dirigimos nuestros votos al Creador, un verso de Petrarca nos lo indica:

Con le ginocchia della mente inchine.

El hombre es libre; más no lo es si no cree serlo, y cuanto más fuerte supone al Destino, más se priva de la fuerza que Dios le dio al dotarle de razón.

La razón es una parcela de la divinidad del Creador. Si nos servimos de ella para ser humildes y justos, no podemos por menos de agradar a aquel que nos hizo su don. Dios solo deja de ser Dios para quienes conciben posible su inexistencia. No pueden sufrir mayor castigo.

Aunque el hombre sea libre, no debe creerse sin embargo que sea dueño de hacer cuanto le venga en gana. Se vuelve esclavo cuando decide actuar dominado por la pasión. Nisi paret imperat. Sabio es quien tiene fuerza suficiente para dejar de obrar hasta que llegue la calma. Estos seres son raros.

El lector al que le guste pensar vera en estas memorias que, al no tender nunca a un objetivo preciso, el único criterio que he tenido, si es que hay uno, ha sido dejarme llevar adonde el viento reinante me empujaba. ¡Cuantas vicisitudes en esta independencia de métodos! Mis infortunios, igual que mis momentos de felicidad, me han demostrado que en este mundo, tanto físico como moral, el bien deriva del mal, lo mismo que el mal del bien. Mis extravíos mostrarán a los pensadores los caminos contrarios, o les enseñarán el gran arte de mantenerse alejado del peligro. Se trata únicamente de tener coraje, pues de nada sirve la fuerza sin la confianza. Muy a menudo he visto que la felicidad me llegaba a consecuencia de un paso imprudente que habría debido llevarme al precipicio; y, al mismo tiempo que me reprendía a mi mismo, he dado las gracias a Dios. También he visto, por el contrario, que de una conducta mesurada y prudente salía una desgracia abrumadora: esto me humillaba, pero, seguro de tener razón, no me costaba mucho consolarme.

A pesar de un fondo de excelente moral, fruto necesario de los divinos principios arraigados en mi corazón, toda mi vida fui víctima de mis sentidos; me ha gustado descarriarme, y continuamente he vivido en el error sin más consuelo que el de saber que estaba en él. Por esta razón espero, querido lector, que, lejos de encontrar en mi historia una impronta de impúdica jactancia, encontréis la que conviene a una confesión general, aunque en el estilo de mis narraciones no halléis ni la actitud de un penitente ni el reparo de alguien que se sonroja al dar cuenta de sus calaveradas. Se trata de locuras de juventud. Veréis que me río de ellas, y, si sois bondadoso, reiréis conmigo.

Reiréis cuando sepáis que muchas veces no he tenido escrúpulos en engañar a atolondrados, bribones y necios cuando tuve necesidad de hacerlo. Por lo que se refiere a las mujeres, se trata de engaños recíprocos que no deben tenerse en cuenta, pues, cuando el amor interviene, ambas partes suelen resultar engañadas. Casó muy distinto es cuando se trata de necios. Siempre me felicito cuando recuerdo haberles hecho caer en mis redes, pues son insolentes y presuntuosos más allá de toda razón. Ésta se venga cuando engañamos a un necio, y la victoria merece la pena, pues los necios están acorazados y no sabe uno por donde agarrarlos. Engañar a un necio es, por último, hazaña digna de un hombre inteligente. Lo que me ha metido en la sangre, desde que existo, un invencible odio contra esa ralea es que yo mismo me encuentro necio siempre que, en sociedad, estoy con ellos. Hay que distinguirlos, sin embargo, de esos hombres a los que se llama bobos, pues, al ser bobos únicamente por falta de educación, los aprecio bastante. Entre estos he encontrado algunos muy discretos y que dentro de su estupidez poseen una especie de ingenio. Se parecen a esos ojos que, sin cataratas, serían muy bellos.

Al examinar, querido lector, el sentido de este prefacio, fácilmente adivinarás mi propósito. Lo he hecho porque quiero que me conozcas antes de leerme. Solo en los cafés y en las mesas comunes de las posadas se conversa con desconocidos.

He escrito mi historia y nadie puede criticarlo; pero ¿hago bien dándola a un público al que no conozco y contra el que estoy prevenido? No. Se que cometo una locura; pero si tengo necesidad de hacer algo, y de reírme, .por qué me abstendría de hacerlo?

Historia de mi vida – Giacomo Casanova

Giacomo Casanova. Escritor, cortesano y diplomático italiano, es conocido, principalmente, por su legendaria capacidad de seducción. Prolífico autor epistolar, Casanova dejó un enorme legado escrito, cuya calidad literaria es bastante discutida. Historias de mi vida, sus memorias, fue escrita en francés, aunque el resto de su obra está escrita, en su mayoría, en italiano.

Su posición en la corte Europea nos deja entrever los últimos momentos del antiguo régimen, poco antes del auge de las revoluciones burguesas.