Un hombre llamado Flitcraft

Foto de Zoltan Tasi en Unsplash

Descargar PDF Descargar ePUB

Flitcraft salió un día de su oficina de corredor de fincas para ir a comer. Salió y jamás volvió. No acudió a una cita que tenía a las cuatro de la tarde para jugar al golf, a pesar de que fue idea suya concertarla solamente media hora antes de salir. Su mujer y sus dos hijos nunca más lo volvieron a ver. El matrimonio parecía feliz. Flitcraft era dueño de su casa en un buen barrio de las afueras de Tacoma, de un «Packard» nuevo y de los demás lujos que denotan el éxito feliz de una vida en Estados Unidos. Había heredado 70.000 dólares de su padre, y el ejercicio de su profesión aumentó aún más su peculio, que ascendía a unos 200.000 dólares en el momento de su desaparición. Sus asuntos estaban en orden; el hecho de que no hubiera tratado de concluir algunos aún pendientes, probaba que no había preparado esfumarse. Por ejemplo, un negocio que le habría supuesto un bonito beneficio iba a concluirse al día siguiente al de su desaparición. Nada indicaba que llevara encima más de cincuenta o sesenta dólares.

Lo que le ocurrió a Flitcraft fue lo siguiente. Cuando salió a comer, pasó por una casa aún en obras. Todavía estaban poniendo los andamios. Uno de ellos cayó a la calle desde una altura de ocho o diez pisos y se estrelló en la acera. Le cayó bastante cerca; no llegó a tocarlo, pero sí arrancó un pedazo de cemento que le produjo una raspadura en la mejilla. Naturalmente, el susto que se llevó fue grande; pero la verdad es que sintió más sorpresa que miedo. Fue como si alguien hubiera levantado la tapa de la vida para mostrarle su mecanismo. Lo conturbó descubrir que, al ordenar sensatamente su existencia, se había apartado de la vida en lugar de ajustarse a ella.

Tras caminar apenas veinte pasos desde el lugar en donde había caído la viga, comprendió que no disfrutaría nunca más de paz hasta que no se hubiese acostumbrado y ajustado a esa nueva visión de la vida. Para cuando acabó de comer ya había dado con el procedimiento. Si una viga al caer accidentalmente podía acabar con su vida, entonces él cambiaría su vida, entregándola al azar, por el sencillo procedimiento de irse a otro lado. Quería a su familia como los demás hombres quieren corrientemente a las suyas; pero le constaba que la dejaba en buena posición, y el amor que tenía por los suyos no era de la índole que hace dolorosa la ausencia.

Anduvo vagando un par de años, hasta que un día se estableció en Spokane. No lamentaba lo que había hecho. Le parecía razonable. Se acostumbró primero a la caída de vigas desde lo alto; y no cayeron más vigas; y entonces se acostumbró, se ajustó, a que no cayeran.

FIN

Dashiell Hammett. Nació el 27 de mayo de 1894 en el condado de St. Mary’s (Estados Unidos). Sin una educación formal, trabajó como mensajero para los ferrocarriles de Baltimore y Ohio, fue dependiente, mozo de estación y trabajador en una fábrica de conservas entre otros oficios. En 1915, entra en la «Pinkerton’s National Detective Agency» de Baltimore. En Junio de 1918, abandona Pinkerton y se alista en el ejército. Después de servir en la Primera Guerra Mundial, se instaló en San Francisco en donde trabajó como detective y en publicidad.

Consiguió prestigio literario y sus novelas aparecieron con los honores de la tapa dura entre 1929 y 1931; así, la más popular de todas, El halcón maltés, y las también excelentes Cosecha roja y La llave de cristal. Es el inventor de la figura del detective cínico y desencantado de todo. Corrían los tiempos del nacimiento de la novela negra, un movimiento literario en que se adoptaba el enfoque realista y testimonial para tratar los hechos delictivos. Fue el fundador de tal corriente y su más egregio representante. No solo gozó del reconocimiento popular, también críticos serios elogiaron su trabajo.

En 1942 vuelve ejército durante la Segunda Guerra Mundial. Siendo un veterano físicamente disminuido y víctima de la tuberculosis, luchó por ser admitido y pasó la mayor parte de la guerra como sargento en las Islas Aleutianas.

En 1937 se afilió al Partido Comunista de los Estados Unidos de América. Reconocido como izquierdista, en 1951 pasó seis meses en la cárcel por rechazar atestiguar en el Civil Rights Congress. En 1953, volvió a rechazar contestar a preguntas del comité del senador Joseph McCarthy.

Su compañera sentimental fue la escritora Lillian Hellman con la que vivió más de treinta años.

Dashiell Hammett falleció el 10 de enero de 1961 en el Hospital Lennox Hill en Nueva York, debido a un cáncer de pulmón.