El Librero Semanal

Almas muertas

Género: DramaNovelasLibros

Resumen del libro: Almas muertas:

Creador junto con Aleksandr Pushkin de la gran prosa rusa del siglo XIX que habría de prolongarse en Dostoievski, Tolstoi y Chéjov, Nikolái Gógol plasmó en «Almas muertas» la misma visión ácida y satírica de Rusia que impregna sus «Historias de San Petersburgo». (L 5505), entre las que se cuentan relatos tan célebres como «La nariz» y «El abrigo». La publicación en 1842 de la presente novela, que alcanzó notable repercusión y levantó algún revuelo, le valió gran fama y consolidó su reputación de gran narrador. Su protagonista, Chichikov, pergeña el plan de comprar «almas muertas» —esto es, la propiedad de siervos fallecidos— para así poder pedir un crédito al Estado, con esta propiedad como aval, antes del siguiente censo. El relato de sus andanzas por la Rusia rural, así como de su resultado, es una de las cimas de la literatura de este país, en la que se puede apreciar el talento de Gogol no sólo para la sátira, sino también para la descripción de inolvidables caracteres.

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Fragmento:

El hombre

Nicolai Vasilievich Gogol nació en Sorochinez, del distrito de Mirgorod (en el gobierno de Poltava, Ucrania), el 1 de abril de 1809. Descendía de una familia de cosacos ucranianos que llevaban una vida sencilla y patriarcal. El padre, Vasili Afanasievich, era un pequeño terrateniente y exfuncionario de Correos; comediógrafo popular, sus obras ejercieron cierto influjo sobre los primeros pasos literarios de Nicolás; algunas de ellas fueron tenidas en cuenta por su hijo, especialmente para La feria de Sorochinez. De ahí que al respirar ese ambiente desde su infancia se desarrollara su afición por el teatro y la literatura. Vasili había escrito comedias cortas, sátiras y relatos humorísticos, atrayendo así a su hijo, que llegaría con el tiempo a alturas insospechadas hasta entonces.

Su madre se caracterizaba por su espíritu extremadamente inclinado al misticismo religioso y a las supersticiones, y de ella lo heredaría Gogol, no sólo por su carácter, sino por la formación que de ella recibió.

En 1820 inició sus estudios en el liceo de Niezin, en Poltava, donde permaneció hasta el año 1828; allí empezó a escribir, concluyendo la obra Hans Hüchelgarten, publicada más tarde bajo el seudónimo de V. Alov y por su propia cuenta.

A los dieciséis años murió su padre; ello representó un grave trastorno en cuanto a la situación económica de la familia, puesto que de sus dominios nunca habían obtenido pingües beneficios, sin que esto preocupara gran cosa al matrimonio: si los ingresos eran modestos, también lo eran sus gustos.

Nicolás, el primogénito (de doce hermanos murieron siete, casi todos a temprana edad), tuvo que encargarse de la familia, aconsejando constantemente a su madre sobre distintas operaciones para incrementar sus ingresos, y demostrando de este modo su sentido práctico. Por otra parte, la desaparición de su padre alteró también su disposición de ánimo, haciendo que en adelante mostrara un excesivo apego hacia su madre; es posible que esto contribuyera asimismo a una radical dificultad de su carácter, torpe hasta el máximo para la comunicación afectiva e intelectual con sus semejantes.

Cuando hubo concluido sus estudios medios, Gogol, ante quien la economía doméstica ofrecía una perspectiva cada vez más sombría, marchó a San Petersburgo (1828), ilusionado por triunfar como poeta romántico e impulsado por una especie de afán de imponer justicia en el mundo. Los primeros meses de su estancia allí coincidieron con el poco éxito de su novela en verso Hans Küchelgarten, que al fin se decidió a publicar apremiado por la necesidad; a su autor se le hace víctima del ridículo, arrecian las críticas en los periódicos, y entonces Gogol, decepcionado, tras retirar de las librerías todos los ejemplares que encuentra, decide abandonar Rusia y partir hacia América. Sin embargo, no pasó de Lübeck, y su permanencia en el extranjero quedó reducida a un mes. Al regresar a la patria volvió de nuevo a San Petersburgo. Consiguió por último, con la ayuda de su tío, un pequeño empleo ministerial que apenas le daba para vivir; más tarde obtuvo un ascenso y con ello mejoró su situación económica, dedicándose en los ratos de ocio a la pintura. En 1830 intenta ser actor, pero fracasa. Apremiado otra vez por la falta de dinero, decide escribir a fin de aumentar sus ingresos, y en 1831 aparece el primer volumen de las Veladas en la granja de Dikanka, al que seguirá en 1832 el segundo volumen. En esta ocasión alcanzará un notable éxito.

En San Petersburgo entró en contacto con los círculos literarios de aquella época, y sobre todo con personajes de la altura de Jukovski, Pletniev y Pushkin, que apreciarían su obra. Pushkin será para él un buen amigo y protector, y repetidas veces le proporcionará el tema para sus obras. Gracias a uno de sus nuevos amigos obtiene el puesto de profesor de Historia en el Instituto Patriótico para señoritas, y después, en 1834, pasa a la Universidad; pero pronto lo deja, debido, según dicen algunos, a sus escasos conocimientos en la materia.

En 1835 surge a la luz una segunda colección de cuentos, Mirgorod, también en dos volúmenes, en los que a los elementos integrantes de la primera, el colorido local y la fantasía, añadió otros dos: el histórico-épico y el realista psicológico de fondo humorístico, representados por Taras Bulba, novela histórica al estilo de las de Walter Scott, y por como pleitearon Iván Ivanovich e Iván Nikiforovich, y terratenientes de antaño, respectivamente; funde los elementos realistas con los fantásticos y románticos, revela un espíritu satírico, y al mismo tiempo se advierte en ellos cierta tendencia a las situaciones espirituales morbosas. Más adelante escribe Arabescos (nueva recopilación en dos volúmenes), que contiene ensayos críticos en los que pretende dar conciencia de su propio arte. Siguen después otros cuentos: Perspectiva Nevski, Las memorias de un loco, en que retrata fielmente las fases de la demencia, y El retrato, en su primera versión, donde se descubren nuevos elementos de su personalidad artística.

En 1832 realizó un viaje a Ucrania, despertándose entonces en él el amor por el teatro, al que años más tarde se dedicaría escribiendo algunas de sus mejores obras. Regresó después a San Petersburgo, donde entabló nuevas amistades en el ambiente intelectual, especialmente con la familia Aksakov, dando con ello un renovado impulso a sus ideas teóricas nacionalistas y eslavófilas. Su amistad con Pushkin se estrechó, y éste le contó un día la anécdota que serviría de base para su comedia el inspector general. Acerca de ella, Gogol afirmó en cierta ocasión que al empezar a escribirla tenía el propósito de poner al descubierto todo lo feo y lo malo que había visto en Rusia, a fin de que el público pudiera reírse de todo aquello. En esta comedia las dotes de humorista de Gogol aparecen condensadas con fortuna. Con autorización del mismo zar se puso en escena el 19 de abril de 1836; la obra era un despiadado ataque contra la corrupción burocrática, y ni siquiera Nicolás I había previsto la reacción de las clases satirizadas. Proporcionó a su autor muchos disgustos, a pesar de la admiración del grupo de idealistas moscovitas; Pushkin ya le había advertido que en Moscú sería mucho mejor acogido que en San Petersburgo, y al fin Gogol autorizó su representación allí. No obstante, las polémicas suscitadas ahondaron en él la amargura, ya aumentada por su morbosa sensibilidad, y resolvió emprender otro viaje al extranjero. Sin embargo, no desistió de terminar Almas Muertas, o las aventuras de Chichikov, obra iniciada en 1835, y la continuó en Roma, adonde llegó en marzo de 1837, permaneciendo allí dos años; anteriormente había residido por algún tiempo en Alemania, en Suiza y en París, donde recibió la noticia de la muerte de Pushkin. Todos estos años fueron para él de continua actividad; la impresión producida por la Ciudad Eterna le impulsó a escribir el breve fragmento «Roma»; asimismo escribió «El capote», que se convertiría en el más famoso de sus cuentos; refundió El retrato, rehizo «Taras Bulba», terminó El matrimonio, su segunda comedia, y dio punto final a su «poema», como él le llamaba, «Almas muertas», primera parte, publicada en el año 1842, y que alcanzó gran resonancia, hasta el punto de colocar el arte de Gogol por encima del de los escritores rusos de todos los tiempos. Su publicación coincidió con el punto álgido de la crisis que minaba física y espiritualmente a Gogol desde hacía ya mucho tiempo, puesto que su innata tendencia al misticismo religioso se convirtió entonces en una obsesión.

Marchó otra vez fuera de la patria y se instaló en Roma, desde donde realizó algunos viajes a Paris, a Niza y Ostende. Estuvo trabajando en la segunda parte de «Almas muertas», trabajo que avanzó con mucha lentitud debido a esa obsesión que le llevó a la idea de que era necesaria una purificación moral, de que debía reformarse él mismo para tratar después de reformar a los demás, de salvar a sus compatriotas. Todo esto oscureció su inteligencia hasta llegar a hacer de él un pobre desequilibrado. Él mismo confesó que había perdido para largo tiempo la capacidad de crear. Más tarde sería posible darse cuenta de que, en sus obras, Gogol había esparcido esos pensamientos y elucubraciones que habían hecho presa en él, mediante el estudio de los cuales se descubren numerosos aspectos borrosos de su psicología.

Regresa de nuevo a Rusia, donde, convencido de que su destino es realizar elevadas obras morales, y tal vez por cumplir un voto, publica «Fragmentos» escogidos de la correspondencia con los amigos (1847), en que reúne sus reflexiones acerca de los problemas más importantes de la vida de la época, acerca de la servidumbre, el arte, la libertad, la religión, los castigos corporales (de los que era partidario), etc. Esta obra, que resultó ser como un breviario del oscurantismo reaccionario, produjo una desastrosa impresión y disgustó especialmente a los ambientes literarios democráticos, que hasta entonces habían visto en él a un escritor progresista y liberal, según juzgaban por el contenido crítico de sus obras. Bielinski, el famoso crítico, le escribió una carta abierta acusándole de haber abandonado su tarea de renovación justiciera y clamando indignado que volviera a ella.

Al año siguiente, en 1848, realiza un viaje a Palestina en busca de tranquilidad de espíritu; allí se empeña en recorrer con un guía el mismo camino que siguió Cristo hasta el Gólgota. A partir de entonces su salud se quebranta cada vez más. Se dedica a concluir la segunda parte de «Almas muertas», y al fin se entrega casi por completo a sus elucubraciones religiosas y morales; la idea de la muerte le horroriza, y acaba renegando de su obra literaria, considerándola injuriosa e indigna. Se da cuenta al concluir esa segunda parte de que se ha salido de sus posibilidades artísticas, y una mañana ordena a su criado que abra la estufa y arroje al fuego el manuscrito. Poco tiempo después (21 de febrero de 1852), Gogol dejaba de existir.