El Faetonte

El Faetonte - Pedro Calderón de la Barca

Resumen del libro: "El Faetonte" de

Versión de El Faetonte de Calderón de la Barca comentada, revisada, y comparada entre diferentes versiones de la obra en su época. Además aporta importantísima información sobre la escenografía en el siglo XVII.

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Introducción

Toda la producción calderoniana que se localiza en el área míticopagana, obedece a la búsqueda de un espectáculo que no es solamente una comedia palaciega que se inscribe en el marco de una fiesta, sino que es en sí mismo una fiesta, puesto que, aun generalmente en su ámbito, su escenificación posee estructuralmente los diversos elementos que configuran y caracterizan un regocijo lúdico o celebrativo; desde esta facultad, independiente y autónoma, que tiene su obra, se afana por trazar un espectáculo que acabado en sí mismo se presente abierto.

Calderón, para grafizar o corporeizar el mito, extrae aquellos elementos que mejor le permiten crear un convencionalismo escénico, aunque muchos aspectos característicos estén condicionados por el propio mito o por el conocimiento supuesto que el espectador pueda tener de él; de ahí que deambule libremente en las mitografías en una retoma, pretendida y deliberada, que permita una función sinfrónica y sensual. Es decir, la reconstrucción de una conexión temporal con el presente inmediato de hechos o experiencias vigentes desde el «illo tempore» o pasado legendario, a fin de ofrecerles al monarca, a la corte y al espectador una nueva versión del hecho mítico y, por tanto, vital con nuevos referentes; tal es el caso de El Faetonte. Así, de las fuentes inmediatas y más usuales de su momento, entre otras, como reediciones de Ovidio, de Pérez de Moya y reciente reaparición de la obra de Vitoria, entresaca aquellas tramas o personajes que le son útiles, como, por ejemplo —en lo que afecta al poeta latino—, las de Faetonte (II, 19), Épafo (I, 748), Clímene (I, 756), Galatea (XIII, 750), Tetis (XI, 423), al igual que determinadas peripecias: juramento de Apolo por la laguna Estigia, la relación inicial de Épafo y Faetón, etc.; la impronta cristiana del bachiller, ajustada a su elemento básico (II, 18); y la artístico parabólica del predicador, en su dimensión elemental (II, V, 9). A la vez que crea o fabula otros: Doris, nereidas, Erídano, Amaltea, Peleo, Admeto, Pitón, como asimismo la cita de tres caballos solares —para manejar sólo dos— y son cuatro, la localización geográfica de la acción, etc.

Si con tales trazas crea un espectáculo que es trasunto de la realidad que ya aparece ensoñada, no duda, en un momento determinado y en una sola ocasión —no exenta de ironía— de desencantar o deshacer esa ilusión, a fin de aproximar esa realidad a su inmediatez más cotidiana; así, en boca del gracioso, Bato, trasgredirá la dimensión espacio-temporal, y, por consiguiente, quedará extrapolada: «¿Y Climene? (…) En Doñana, (…) como allá probó la fuerza, / volver al monte le mandan». Recurso de extrañamiento que no sólo utiliza en esta pieza, sino que es una constante estilística en su quehacer estructural dramático, desde sus escenificaciones habidas a partir de 1651; al igual sucede en Andrómeda y Perseo, cuando le hace decir al gracioso, homónimo del de la obra que tratamos: «¿Y habrá algún bobo después, / que piense que es verdad esto?».

Pedro Calderón de la Barca. Escritor y dramaturgo español, inició sus estudios en Valladolid, y al destacar en ellos, fue enviado por su padre al Colegio Imperial de los Jesuitas en Madrid, estudiando gramática, latín, griego y teología. Continuó en la Universidad de Alcalá de Henares estudiando lógica y retórica pasando posteriormente a la Universidad de Salamanca donde finalizó el bachillerato en derecho canónico y civil.

A partir de ahí, Calderón de la Barca se enroló en la carrera militar marchando a Flandes e Italia y participando en varias campañas bélicas. Ya por 1625, ingresó como soldado al servicio del Condestable de Castilla, habiendo escrito por entonces su primera comedia conocida. Escribió varias comedias que le granjearon la simpatía de Felipe IV, quien le realizó varios encargos para los teatros de la Corte.

Nuevamente participó en contiendas militares al tiempo que seguía escribiendo, creando obras con las que obtuvo la simpatía del público. Tras ser herido en batalla, le dieron la licencia absoluta en 1642, creando obras cada vez más complejas alcanzando respeto y popularidad en la corte.

Calderón fue secretario del Duque de Alba y posteriormente ingresó en La Orden Tercera de San Francisco, donde se ordenó sacerdote. Continuó escribiendo pero decantándose por los autos sacramentales siendo designado por el rey como su capellán de honor. A la muerte de Felipe IV, Carlos II le nombró capellán mayor.

Calderón, fue un dramaturgo y poeta excepcional, uno de los mejores de todos los tiempos. En el verso, revolucionó la extensión y la métrica en uso, atendiendo más al contenido que a la forma. En teatro cultivó todos los géneros posibles, desde su singular tratamiento de la comedia, al filosófico - teológico de los autos sacramentales, pasando por auténticos espectáculos dramáticos, zarzuelas y tragedias. Escribió más de doscientas obras para gloria de la literatura española.

De entre su obra habría que destacar títulos como El acalde de Zalamea, El gran teatro del mundo, El mágico prodigioso, La vida es sueño, La dama duende o El José de las mujeres, entre otros.