Narrativa

Noche de graduación

  • Do not disturb

Ahora, amordazada y tirada en un rincón de la habitación, sólo piensa en la primera vez que vio a Mark. Cada detalle, los más mínimos, vuelven a su cabeza. El cabello desaliñado, las gafas redondas y arcaicas; detrás, los ojos del azul más puro que alguna vez haya visto.

Recuerda la zancadilla de Tommy, las risas de Donna, Anna y las demás porristas. Todo martilla en su cabeza. Una porrista no debe interesarse en un nerd, la voz de Donna le inunda los oídos, la cabeza. ¿De qué hablas, Donna? Eso no tiene lugar. Te aconsejo que mires a tu alrededor, por ejemplo, Tommy; él está interesado. Eso es lo que te conviene. Unas lágrimas le corren por las mejillas. Esto no tenía que pasar, masculla. No así.

Acercarse a Mark no fue tan fácil. Ya sé lo que te propones, le dijo. Las chicas populares no se interesan en los de mi tipo; ella rió. Sólo estás buscando entretenerte y burlarte; conmigo no lo vas a lograr. 

Se apuntó en casi todos los clubes que él estaba, incluso en el de Historia del Álgebra. Dejó de frecuentar la heladería, faltaba a los ensayos. Las chicas se están preocupando, le decía Donna. Comentan que estás evitándonos. Que no te interesa ya ser nuestra amiga. ¿Te has preguntado si ese chico lo vale? La voz de Donna. ¡Oh, Dios santo! La tiene encerrada en su cabeza. Si sólo encontrara una manera de eliminarla.

Intenta arrastrarse a tientas, pero las amarras están demasiado ajustadas. Si sólo supiera qué había pasado con Mark, estaría un poco más calmada. Pero desde dónde está no puede oírlo, verlo. Minutos antes sólo escuchaba los golpes que Tommy estaba dándole a Mark, las patadas, y los gemidos que Mark dejaba escapar. El pobre. ¡Oh, Dios santo! Luego un silencio, después un portazo; ahora, más silencio. Por primera vez lamenta haber conocido a Mark, enamorarse.

Algo no le queda claro: cuándo y por qué Mark comenzó a interesarse por ella. Había creído que él sólo descubrió que entre sus intenciones no estaba burlarse de él  y mucho menos dañarlo. Pero algo no encaja.

Recuerda las flores, los mensajes en la taquilla y los chocolates. Pensó que era Tommy su admirador secreto. Entonces botaba las flores, rompía las notas y regalaba los chocolates. Hasta que un día sorprendió a Mark dejándole una nota. Menuda sorpresa me has dado, sólo alcanzó a decirle.

Lo llevó al salón de belleza. Un corte de cabello no te vendría mal. Le pidió cambiar las gafas por lentes. Ese azul debe verse libre. Le compró ropa nueva y moderna

Después comenzaron a ir juntos a la heladería. Desde otra mesa Donna los miraba. A veces se acercaba: en el baño, en la barra. Soy tu amiga, ¿has pensado si en verdad ese chico es lo que necesitas?

Una tarde los sorprendió conversando. Mark estaba inquieto. Al verla, Donna agitó la mano, despidiéndose y se alejó. ¿Qué quería? Nada, me preguntó si podía ser su tutor de Ciencias. ¿Y qué tú le dijiste? Que no estaba interesado.

Pero Donna no dejó de acechar, de acercarse, de importunar. La verdad, amiga, no me puedo creer que hayas caído en su trampa. Despierta. Ese chico no vale nada.

En el pasillo siempre veía a Mark conversando con una muchacha. Se acercaba caminando con rapidez. Al llegar lo encontraba solo. ¿Quién era? Pero siempre era alguien que buscaba el salón de clases, o quería saber sobre una palabra o algo. ¿Era Donna, verdad? Él siempre negaba. ¿De qué hablas? ¡Era Donna, no lo niegues!

Vendría la graduación. Quería que esa noche fuera inolvidable. Decidió que quería entregar a Mark su virginidad. Alquiló una habitación en un motel en las afueras de la ciudad. Tenía que ser magnífica esa noche. Pero estaba Donna, ella jodería su noche, era seguro. También jodería el futuro con Mark. Debía garantizar que Mark nunca la dejara. Entonces se le ocurrió una idea. Eso tenía que funcionar. Llamó a Tommy. Haría cualquier cosa por ti, le dijo él. Entonces demuéstralo.

La madre le compró el vestido más caro de la tienda. Pareces una princesa. Le obsequió la gargantilla de brillantes. Hoy va a ser el día más importante de tu vida.

Mark alquiló una limosina; traía puesto un esmoquin y en las manos en ramo de rosas. Pensó que en verdad su noche iba a ser magnífica.

Antes de irse fingió tener que utilizar el baño y llamó a Tommy. Lo siento. Olvida lo que hablamos.

En la fiesta tuvo que ser objeto de envidia, traía el vestido más caro; la acompañaba el chico más guapo de la escuela. Pero estaba Donna, la sentía mirarlos, acecharlos; sentía sus ojos a cada paso, cerca, bien cerca.

Fue por ponche; entonces Donna abordó a Mark. Desde lejos lo veía sonreírle a Donna; ella lo tomó por el brazo y le susurró algo al oído, o le lamió la oreja; no estaba segura. Pero él reía, y le miraba a los ojos como si compartieran cierta complicidad.

Le hizo señas a Tommy para que la encontrara a la salida del baño. Me dijiste que harías cualquier cosa por mí. Él asintió. 

Vuelve a arrastrarse, apenas avanza, las amarras están demasiado ajustadas; le duele la cabeza. Si no tuviera la boca tapada gritaría, clamando por ayuda; o llamaría a Mark, para saber si estaba bien, eso la calmaría un poco.

¿Por qué Tommy se habrá comportado de esa forma? Dijo que por ella haría cualquier cosa. No entendía. Donna dijo que estaba interesado, un hombre celoso podía hacer cualquier cosa. ¿Donna? ¡Oh Dios santo! ¿Y si ella lo convenció para ello? Maldita seas tú, Donna, zorra de mierda.

Lo que más le molesta es el silencio, no saber qué ha pasado con Mark, si está muerto o solo inconsciente. Vuelve a forzar el cuerpo, intenta arrastrarse pero avanzar es inútil. Un sollozo la invade; comienza a sentir frío. Piensa en Mark, por dentro grita su nombre. Piensa lo linda que hubiera sido su noche si todo hubiera ocurrido como realmente lo pensó.

Se queda quieta, bien quieta. Sólo le queda esperar que la noche termine.

Lentamente las rosas del empapelado van marchitándose, desojándose… quebrándose. De entre las paredes, una sombra comienza a emerger.