Benibaire

Mosaico
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Había una vez tres cabritas muy pobrecitas, y la mayor dijo:

-¿Qué haremos?

La segunda contestó:

-No lo sé.

Y la tercera dijo:

-Yo sí que lo sé. Vamos a casa de Benibaire, y hurtaremos tres cantaritos de aceite.

-Bien lo has pensado -contestaron las otras-. Vamos allá.

Después de andar una legua, sintieron una voz que decía:

-Be, be.

Vieron un gran carnero; se asustaron y echaron a huir.

Huir, huir.

Que nos va a embestir.

Pero el carnero les gritó:

-No os asustéis. ¿Adónde vais?

Ellas le contestaron:

-A casa de Benibaire a hurtar tres cantaritos de aceite.

-¿Queréis que vaya? -dijo el carnero.

Le respondieron:

-Ven.

Anduvieron otra legua, y oyeron una voz que dijo:

-Miau, miau.

Y vieron un gato negro muy grande; se asustaron y echaron a huir, diciendo:

Huir, huir.

Que nos va a arañar.

Pero el gato les gritó:

-No os asustéis; no os arañaré. ¿Adónde vais?

-A casa de Benibaire a hurtar tres cantaritos de aceite.

-¿Queréis que vaya?

-Ven.

Anduvieron otra legua, y oyeron una voz que gritaba:

-Kikirikí…

Y vieron a un gallo muy fiero; se asustaron y echaron a correr, diciendo:

Huir, huir.

Que nos picará.

Díjoles el gallo:

-No os asustéis; no os picaré. ¿Dónde vais?

-En casa de Benibaire a hurtar tres cantaritos de aceite.

-¿Queréis que vaya?

-Ven.

Anduvieron otra legua, y se encontraron un montón de estiércol; se asustaron y echaron a huir, diciendo:

Huir, huir.

Que nos ensuciará.

Dijo el estiércol:

-No tengáis miedo; no os ensuciaré. ¿Adónde vais?

-En casa de Benibaire a hurtar tres cantaritos de aceite.

-¿Queréis que vaya?

-Ven.

Anduvieron otra legua, y se encontraron una aguja capotera; se asustaron, y dijeron:

Huir, huir.

Que nos pinchará.

Dijo la aguja:

-No tengáis miedo, que no os pincharé. ¿Dónde vais?

-A casa de Benibaire a hurtar tres cantaritos de aceite.

-¿Queréis que vaya?

-Ven.

Anduvieron otra legua, y llegaron a casa de Benibaire, y como era de noche, estaba la puerta cerrada.

-¿Cómo entraremos? -dijeron las cabritas.

A lo que contestó el gallo:

-Yo, gallo galloso, volaré, y volaré al tejado, y me entraré por la chimenea.

Y así lo hizo, y les abrió la puerta.

Entraron en la casa, y dijeron:

-¿Dónde nos esconderemos?

El gallo dijo:

-Yo ya tengo puesto; me iré al humero.

El gato se escondió en la ceniza; el estiércol en las pajuelas; la aguja se metió en la toalla, y el carnero se metió detrás de la puerta. Entonces se fueron las cabritas a las tinajas a sacar el aceite.

Estando sacándolo se les cayó el embudo, y se despertó Benibaire, que dijo:

-¡Ay, Señor! ¡Ladrones han entrado en mi casa!

Se levantó y fue al humero, y miró por el cañón de la chimenea a ver si era de día. Estando mirando le cayó en los ojos una porquería que el gallo le echó, y se quedó ciego; fue a tientas a buscar las pajuelas para encender, y como el estiércol estaba entre ellas, se ensució todas las manos.

-¡Ay, Señor! -dijo-. ¡Qué manos tengo tan sucias!

Y fue a buscar la toalla para limpiarse, y como estaba clavada en ella la aguja capotera, se la clavó; fue a encender luz en el ojo del gato, y este se abalanzó y le arañó todo; fue huyendo para salir a la calle, y cuando llegó a la puerta salió el carnero y le dio una topada por detrás que le echó a rodar; se fue al molino huyendo, se cayó en el río y se ahogó, y las cabritas se quedaron hechas amas de la casa, y lo pasaron muy bien, y yo fui y vine y no me dieron nada, sino unos zapatitos de cobre, otros de cristal, otros de azúcar y otros de cordobán; estos me los puse, los de cristal se me rompieron, los de azúcar me los comí, y los de cobre son para ti.

FIN

Fernán Caballero. Es el seudónimo de Cecilia Böhl de Faber y Ruiz de Larrea, una escritora y folclorista española que nació en Morges, Suiza, el 25 de diciembre de 1796. Su padre era el cónsul alemán Juan Nicolás Böhl de Faber, un hombre de negocios y un hispanófilo que introdujo en España el romanticismo historicista alemán. Su madre era Francisca Javiera Ruiz de Larrea, una dama de ascendencia española e irlandesa que organizaba una tertulia de «serviles», partidarios del Antiguo Régimen. Cecilia recibió una educación católica y cosmopolita, viajando por Europa con su familia.

A los diecinueve años se casó con Antonio Planells y Bardají, un joven capitán de infantería que murió al año siguiente en Puerto Rico. En 1822 contrajo segundas nupcias con el marqués de Arco Hermoso, Francisco de Paula Ruiz del Arco, con quien vivió en Sevilla y en el campo andaluz. Allí entró en contacto con las costumbres populares que luego plasmaría en sus novelas. El marqués murió en 1835 y Cecilia quedó al cuidado de sus dos hijos. En 1837 se casó por tercera y última vez con Antonio Arrom y Morales de Ayala, un hacendado cubano que también falleció en 1859.

Fue a causa de su precaria situación económica que Cecilia decidió publicar sus obras literarias bajo el pseudónimo masculino de Fernán Caballero. Su primera novela, La Gaviota, se publicó por entregas en el periódico El Heraldo en 1849. Escrita originalmente en francés, la novela narra el matrimonio fracasado del doctor Stein con la hija de un pescador, apodada «la Gaviota», que lo abandona por un torero y luego se convierte en cantante profesional. La obra fue un éxito y la compararon con Walter Scott por su realismo y su pintura de la vida andaluza.

Fernán Caballero siguió escribiendo novelas, cuentos y cuadros de costumbres, siempre con una visión conservadora y tradicionalista de la sociedad española. Defendió los valores del catolicismo, la monarquía y el orden frente al liberalismo, el progreso y las ideas extranjeras. Su obra se distingue por el uso del lenguaje popular, el interés por el folclore andaluz y el retrato de las costumbres rurales. Algunas de sus obras más destacadas son Clemencia (1852), La familia de Alvareda (1856), Un servilón y un liberalito (1857) y Relaciones (1857).

Fernán Caballero murió en Sevilla el 7 de abril de 1877. Fue una de las renovadoras de la narrativa española del siglo XIX y una precursora del realismo costumbrista. Su obra influyó en autores como Pedro Antonio de Alarcón, Juan Valera y Benito Pérez Galdós.