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Literatura cubana contemporánea

Narrativa

Ensayo de la vida

Somos respuestas de preguntas que nadie ha hecho. Somos preguntas que nadie responderá

Somos respuestas de preguntas que nadie ha hecho. Somos preguntas que nadie responderá.

Somos un punto en el silencio. Figuras transparentes que avanzan por un camino roto. Estamos ciegos, varados en ningún lugar. Tal vez influye el hecho de que, por más que te alejes o intentes huir, el mundo siempre te alcanzará.

Yo pienso en la revancha. En ganarle de una vez y por todas a la vida. Por eso me levanto de la cama, lavo mis dientes y me digo: hoy es el día.

Camino hacia la obra en construcción más cercana. Un edificio que están construyendo desde 1978 en el municipio Cerro. En la entrada hay un cartel que reza: “ganaremos la emulación”.

Hablo con el jefe de la obra. Le explico que mi interés es aprender todo.

El jefe me entrega una carretilla y se marcha en su auto estatal, tiene que hacer no sé qué cosa urgente en la playa.

Yo pongo manos a la obra.

Arena. Cemento. Cabillas. Ladrillos. Bloques. Paredes alicatadas. Análisis profundo para prever algún movimiento sísmico. Fachadas anticiclones. Etc.

Cuando termino con el edificio, visito la mejor cooperativa de Batabanó.

Semillas. Nivel de saturación de la tierra. Cuarto menguante para sembrar. Palpar los tallos más verdes, conversar con ellos sobre el ciclo de la vida.

De regreso a La Habana, me detengo en el Aeropuerto José Martí.

Comienzo como maletero. Buenos modales. Decir siempre OK. Estar dispuesto a trabajar horas extras. Tengo madera, buena actitud y entusiasmo, mi ascenso llega rápido.

Ahora soy el Jefe del Departamento Antidrogas. De solo ver a un pasajero sé si esconde algo.

Descubro todos los intentos de tráfico y entradas ilegales de sustancias prohibidas.

Voy a muchos países a impartir cursos y posgrados.

En uno de los viajes, el avión pierde altura, el piloto se pone nervioso y yo lo reemplazo.

Me hacen un reconocimiento al volver al Aeropuerto y me convierto, ipso facto, en Piloto A.

Mis vuelos son casi diarios. Francia. Londres. Helsinki. Honolulú. Ottawa. Tokio. Ankara.

Solo descanso sábados y domingos.

Cuando aprendo a dominar otros seis idiomas, dialectos y jergas de almacén, me encargan vuelos hacia Reikiavik, Kuala Lumpur, Dar es Salaam, Ulán Bator, Nueva Delhi, Kabul.

Una noche, después de cuatro turbulencias, dos choques con ángeles soñolientos, atravieso una nube pequeña.

Dentro de ella, como gérmenes de un sueño, se agitan minúsculas gotas de lluvia.

Interesado por los sucesos atmosféricos, dejo todo y matriculo en un curso en el Instituto de Meteorología.

Tormentas tropicales. Ciclones. Huracanes. Vientecitos plataneros. Aprendo a velocidad récord.

Comienzo a dar el parte meteorológico en emisoras de radio amateur. Luego en Radio Rebelde. Luego paso a la Televisión. Canal Educativo 2. Multivisión. Cubavisión. Noticiero Estelar.

El movimiento de las cámaras, la colocación de las luces, el teleprompter, todo eso me interesa.

Dolly’s, close up, cámara Panavisión, estilo steadicam.

Mi primera película de ficción gana el Premio Coral en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Es la historia de un hombre que se propone dominar la vida.

Fama. Popularidad. Mujeres desnudándose en la sala de mi casa.

No me queda otro remedio que ingresar en el Instituto Superior de Arte para estudiar actuación.

Orson Welles. Esquilo. Método Stanislavsky. Jean-Luc Godard escribiendo ensayos sobre mí. Marlon Brando lanzando sus películas por la ventana.

En una reunión de los Comités de Defensa de la Revolución, alguien pide mi criterio sobre el internacionalismo proletario.

Análisis inteligente. Introspección. Citas apócrifas del libro El socialismo y el hombre en Cuba, escrito por el Che.

Hablo. Diserto. Soy Hamlet con un argumento sólido en la mano izquierda. Soy Don Quijote realizando un Rond de Jambes Par Terre y embistiendo con su lanza.

Todos valoran mi condición de cuadro. Mi aptitud para irradiar verdades.

Comienzo a estudiar a fondo.

Globalización neoliberal. Comunismo científico. Errores de la Perestroika. Socialismo siglo XXI. Marx reestudiado y reaprendido.

Llegan las elecciones. Me convierto en Delegado de la Circunscripción 666.

Allí todo es terrible. Personas descarriadas. Confundidas. No tienen claro el por qué de las cosas.

Hago visitas. Les hablo sobre las posibilidades que les ofrecen la Revolución y el Socialismo.

Me escuchan a medias. No saben de qué estoy hablando.

Voy a la Biblioteca Nacional. Leo sobre la vida de Demóstenes y Catón.

Me paro encima de un banco y doy un discurso espléndido.

Ahora me escuchan un poquito más, pero siguen sin entender de qué estoy hablando.

Filosofía conmigo.

Lao-Tsé. Tales de Mileto. Platón. Séneca. Tertuliano. Tomás de Aquino. Servet. Spinoza. Schopenhauer. Nietzsche. Sartre.

Estoy inspirado. Escribo un folleto. Hago varias copias. Me leen con fruición. Ahora sí entienden. Les gusta mi estilo de narrar. ¿Por qué no escribes un cuento, una novela, una poesía?

Muy bien, respondo, y visito todos los talleres literarios.

Punto de vista espacial y temporal. Nivel de realidad. Salto cualitativo. Vasos comunicantes. Dato escondido.

Un viejo escritor me dice que no describo bien los motivos del corazón.

Le hago caso.

Escuela de Medicina. Manual Merck. Anatomía I y II A.C. Guyton.

Alumno integral. Diploma de oro. Cirujano modelo. Máster en Cardiopatías.

Puedo suturar corazones maltrechos con los ojos vendados.

Una tarde, a pesar de mi maestría, pierdo a un paciente. No me explico cómo pudo ocurrir. Hago chocar mi cabeza contra la pared.

Me envían con un sicólogo. Lo escucho calmado. Me habla de cosas que están en otra dimensión. La dimensión de la mente.

Allan Kardec y el zodiaco son suficientes para mí.

Comienzo a dar consultas de espiritismo. Las almas me hablan. Tienen mensajes debajo de la lengua. Sus figuras parecen jeroglíficos. Sus ojos iluminan el silencio.

El espacio gira alrededor de mí como una estrella fugaz. Un cuervo borracho me guía hasta el umbral de un espíritu sabio.

Sin preámbulos ni dudas le hago mis preguntas:

—¿Qué es la vida? ¿Por qué vivimos? ¿Adónde vamos? ¿Qué somos en realidad?

El espíritu se toca la barba y me hace una historia:

“Había una vez un hombre que vivía en una casa de madera que flotaba en el mar. El hombre, cuando tenía ganas de comer, introducía una mano en el agua y sacaba un pez. El pez bien podía ser una sardina o un salmón. A veces sacaba un calamar o un pulpo. Su cocina era especial. Solo había que colocar el pez en una gaveta y en menos de diez segundos aparecía una cena estupenda, elaborada con el mismo tino de un chef japonés especialista en sushi. Si quería cambiar el menú el hombre sacaba la mano por la ventana y atrapaba un ave. Luego hacía la misma operación, pero esta vez la comida parecía elaborada por el chef de un restaurante francés cinco estrellas. El hombre tenía televisión por cable. Los fines de semana lo visitaba una masajista sueca. Su sitio en Internet se llamaba Hombre Feliz, y prefería chatear con personas letradas, capaces de transmitirle una sensibilidad especial a la tipografía Times New Roman. El hombre, por supuesto, estaba casado. Su esposa era una de las mejores modelos del mundo. La revista People la había considerado La Mujer Más Hermosa en seis ocasiones. La esposa tenía su propia marca de cosméticos y tres diplomados en bailes eróticos. Hablaba solo cuando era necesario, sonreía en todo momento, y tenía la virtud de desaparecer y aparecer según la voluntad del hombre. Los hijos del hombre eran superdotados. Habían ganado títulos en competencias de ajedrez, automovilismo, baile español, boxeo amateur y profesional y tiro con arco. El hombre, para colmo, heredaba todos los años fortunas de remitentes anónimos, y había sido elegido el único ser humano con derecho a viajar a Júpiter con su familia en una nave espacial ultramoderna en caso de destrucción total de la tierra. Pues bien, este hombre encuentra un día una carta encima de la mesa. No se pregunta quién la ha enviado ni a qué hora llegó. Está acostumbrado a recibir todo tipo de cosas. Abre la carta, mientras se prepara para un desayuno elaborado por un chef vegetariano. La lee con una desesperación creciente, mira a los lados, y corre a esconderse en el baño. Nadie nunca lo ha visto llorar”.

—¿Qué decía la carta? —le pregunto al espíritu.

Pero no me responde. Tiene que atender una llamada telefónica urgente.

Es un comentarista deportivo, desde la pantalla de mi televisor, quien me dice:

—¿Por qué tanto interés en las preguntas? Imaginen por un segundo, tal vez unos minutos, qué pasaría si conociéramos todas las respuestas. Sería horrible. Nada que hacer.

Inspirado, con el deseo de conocer más y más, me pongo mis zapatos deportivos y me echo a correr. Aceras. Estadios. Vía Blanca. Avenidas. Curvas peligrosas. Esto será una carrera infinita. No sé a dónde voy a llegar.

Por suerte o desgracia, antes de la noche caigo en una especie de hoyo, pozo, o hueco tapado al descuido.

Luego una esfera o círculo de cristal con la palabra ALEPH incrustada, aparece frente a mí. La esfera se cuartea, se rompe en varias direcciones y me muestra todas las cosas del mundo.

A un mismo tiempo puedo observar miles, millones de sucesos. Mi mente se convierte en un disco duro con la información exacta y múltiple de la tierra. Mis ojos contemplan el Insondable Universo.

Cuando me canso de observar, anudo bien mis zapatos y voy a ver a Dios.

—Ya lo he visto Todo, le digo, ya lo sé TODO.

Dios queda pensativo por un rato. Mastica su chicle por un rato.

—Entonces ya estás listo —me dice.

Yo descruzo los brazos.

—¿Listo para qué?

—¿Para qué va a ser? Ya lo has visto todo, ya lo sabes todo. Estás listo para morir.

Esa última parte, PARA MORIR, la dice con una entonación subjetiva y ronca. Pero yo de todas formas escapo corriendo.

Salto muros. Atravieso ríos. Adelanto tractores de siembra.

Corro hasta la montaña más cercana y me siento a observar el crepúsculo.

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Sobre el autor

  • Javier Rabeiro Fragela

    . Matanzas, 1978. Narrador. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Premio Farraluque de Literatura Erótica 2006. Premio Alfredo Torroella 2006. Finalista en el Concurso Internacional de Minicuentos El Dinosaurio 2006. Tercer Premio de Ciencia Ficción de la revista Juventud Técnica 2007. Premio Ernest Hemingway 2007. Mención en el Concurso Internacional de Cuento Casa de Teatro 2009. Premio Luis Rogelio Nogueras de Novela 2011.