El Librero Semanal

Magia

Resumen del libro: Magia:

Magia, pieza teatral que Chesterton escribió a partir de un relato que hoy anda perdido, se estrenó en noviembre de 1913 en el Little Theatre de Londres. La obra entonces alcanzó las 165 representaciones. Bernard Shaw fue sin duda el principal impulsor para que Chesterton se decidiera a escribir teatro y fue quien posteriormente lo elogió hasta el punto de situar a su amigo dentro de la tradición prestigiosa de Shakespeare. En Magia, en palabras de Felipe Benítez Reyes, encontramos a un Chesterton en toda la pureza de su método: un arranque misterioso, el desenmascaramiento, digamos, de ese falso misterio, una situación trivial, y de repente, el ascenso a un mundo especulativo, abstracto y paradójico en el que se enredan los dogmas y las dudas, la esencia y la apariencia, lo real y lo extraordinario, de modo que la trama se aleja de la linealidad y deriva en espiral, con todas las asimetrías de un discurso que crece en torno a sí mismo satisfecho de sí mismo, orgulloso de su poder. Desde el principio de la obra las palabras comienzan a tejer una tela de araña, territorio verbal, donde van quedando atrapados los sofismas, las tergiversaciones y los sinsentidos, los axiomas paradójicos, todo lo que siempre y sólo es ya propio y único de Chesterton.

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Fragmento:

Preludio y Acto I

En escena:

Plantación de árboles jóvenes de tronco fino, en un crepúsculo de lluvia y niebla. Por entre algunas ramas en flor se distingue la tierra.

Aparece el DESCONOCIDO, figura ataviada con capa de capucha puntiaguda. Sus ropas pueden pertenecer a la época moderna o a cualquier otra, y la capucha le oculta el rostro casi por completo.

Se oye una voz distante de mujer que, cantándolas a medias, entonándolas a medias, pronuncia unas palabras ininteligibles. La figura oculta bajo la capa alza la frente y escucha con interés. La canción se hace más audible y entra PATRICIA CARLEON. Morena y delgada, su gesto expresa ensoñación. Aunque su atuendo es elegante, va algo despeinada. Sostiene en la mano la rama rota de algún árbol en flor. No se percata de la presencia del DESCONOCIDO, y aunque él la ha observado con atención, no le hace ninguna seña. De pronto ella lo ve y, asustada, retrocede.

PATRICIA: ¡Oh! ¿Quién es usted?

DESCONOCIDO: ¡Ah! ¿Quién soy?

(Empieza a murmurar para sus adentros, y traza marcas en el suelo con una vara.)

Sombrero llevo, mas con él no me toco,

espada tengo, mas con ella no mato,

y una baraja de cartas,

cargo siempre en el zurrón,

mas con ellas no juego.

PATRICIA: ¿Qué es usted? ¿Qué está diciendo?

DESCONOCIDO: Hablo en la lengua de los duendes, oh, hija de Eva.

PATRICIA: Nunca hubiera dicho que los duendes fueran así. Pero si es más alto que yo…

DESCONOCIDO: Somos de la estatura que más nos place. Pero los elfos no sólo no crecen, sino que menguan cuando se mezclan con los mortales.

PATRICIA: Quiere decir que son seres superiores a nosotros.

DESCONOCIDO: Hija de los hombres, si quieres ver a un duende como es, busca su cabeza más allá de las estrellas, y sus pies entre los lechos marinos. Las ancianas te han contado que los duendes son tan pequeños que no se ven. Pero yo te digo que si son invisibles es porque son demasiado poderosos. Pues son aquellos antiguos dioses que veían como pigmeos a los gigantes. Son los Espíritus Elementales, y cualquiera de ellos es mayor que el mundo. Y tú los buscas en las bellotas y en las setas, y te preguntas por qué nunca los ves.

PATRICIA: Pero tiene usted forma y tamaño de hombre…

DESCONOCIDO: Eso es porque iba a hablar con una mujer.

PATRICIA: (Retrocediendo, presa del asombro.) Se diría que crece mientras habla.

(La escena parece difuminarse, y deja paso al lugar en que se desarrolla el PRIMER ACTO: el salón del Duque, una estancia con grandes ventanales o aberturas lo bastante amplias como para mostrar un jardín, y una casa en las inmediaciones. Ha anochecido, y en la vivienda que aparece en la distancia se observa una luz roja encendida. El reverendo CYRIL SMITH está sentado con el sombrero y el paraguas junto a él, lo que delata su condición de visitante. Se trata de un joven que luce el más distinguido alzacuellos de la Alta Iglesia Anglicana, así como todas las características de un fanático reprimido. Es socialista cristiano, y se toma en serio su sacerdocio. Se trata de un hombre honrado, y nada necio.)

(Entra el señor HASTINGS con unos papeles en la mano.)

HASTINGS: Ah, buenas noches. Usted es el señor Smith. (Pausa.) El rector, creo.

SMITH: Sí, soy el rector.

HASTINGS: Yo soy el secretario del Duque. Su Excelencia me pide que le anuncie que espera estar muy pronto con usted. Pero ahora mismo se encuentra reunido con el doctor.

SMITH: ¿Se siente enfermo el Duque?

HASTINGS: (Riéndose.) Oh, no. El doctor ha venido a pedirle un donativo para cierta causa. El Duque no está nunca enfermo.

SMITH: ¿Está el médico con él en este momento?

HASTINGS: Bueno, no en sentido estricto. El doctor se ha desplazado hasta su casa, enfrente mismo, en busca de un papel relacionado con su propuesta. Pero no es lejos, como ve. Está ahí, donde ve esa luz roja, al final del jardín.

SMITH: SÍ, lo sé. Y muchas gracias. Esperaré lo que haga falta.

HASTINGS: (Con voz de ánimo.) Oh, no será mucho.

(Sale.)

(Por los ventanales del jardín entra el DOCTOR GRIMTHORPE, leyendo algo en un papel. Se trata de un médico anticuado, todo un caballero, vestido con gran pulcritud, aunque ligeramente trasnochado. Aparenta unos sesenta años, y podría haber sido amigo de Huxley.)

DOCTOR: (Doblando el papel.) Le pido disculpas, señor, no sabía que hubiera nadie más.

SMITH: (Amigablemente.) Y yo se las pido a usted. Un nuevo pastor no puede pretender que se espere su presencia. Sólo he venido para ver al Duque en relación con unos asuntos locales.

DOCTOR: (Sonriendo.) Lo mismo que yo, por extraño que parezca. Aunque supongo que a los dos nos interesa que nos atienda por separado.

SMITH: Oh, en mi caso no tengo nada que ocultar. Presto mi apoyo a una liga que defiende la apertura de un pub modelo en esta parroquia. Y, sencillamente, he venido a pedirle a Su Excelencia un donativo para la causa.

DOCTOR: (Seco.) Pues resulta que yo presto mi apoyo a la petición que se opone a la apertura de un pub en esta parroquia. La similitud de nuestra posición crece por momentos.

SMITH: SÍ, creo que debemos de ser gemelos.

DOCTOR: (Algo más divertido.) Y dígame, ¿qué es un pub modelo? ¿Se refiere a un pub de juguete?

SMITH: Me refiero a un lugar donde los ingleses puedan beber y comer decentemente. ¿Llamaría a eso «juguete»?

DOCTOR: No, lo llamaría «truco de magia». O, por respeto a sus hábitos, lo llamaría «milagro».

SMITH: Le agradezco el respeto que profesa por mis hábitos. Me limito a cumplir con mi deber de sacerdote. ¿Con qué derecho va la Iglesia a obligar a los hombres al ayuno si no les permite el banquete?

DOCTOR: (Con acritud.) Y cuando haya terminado de cebarlos, me los enviará a mí para que los cure.

SMITH: Sí. Y cuando usted haya terminado de curarlos, me los enviará a mí para que los entierre.

DOCTOR: (Tras una larga pausa, riéndose.) Bueno, las viejas doctrinas son todas de su patrimonio. Es justo que también lo sean todos los chistes viejos.

SMITH: (Riéndose también.) Sí, claro. Por eso llama usted truco de magia a que los pobres puedan beber con moderación.

DOCTOR: Llamo descubrimiento químico al hecho de que el alcohol no sea un alimento.

SMITH: ¿Usted no bebe vino?

DOCTOR: (Algo desconcertado.) ¡Beber vino! ¿Y qué otra cosa se puede beber?

SMITH: De modo que beber decentemente es un truco de magia que, en todo caso, sí está a su alcance.

DOCTOR: (Sin abandonar el buen humor.) Bueno, bueno, esperemos que así sea. Y, hablando de magia, aquí mismo, esta noche, habrá trucos y muchas cosas más.

SMITH: ¿Magia? ¿De veras? ¿Y cómo es eso?

(Entra HASTINGS con una carta en cada mano.)

HASTINGS: Su Excelencia los recibirá ahora mismo. Pero ha pedido que, antes, me ocupe yo de los negocios.

(Les entrega un papel a cada uno.)

SMITH: (Volviéndose, ufano, hacia el DOCTOR.) Muy espléndido. El Duque contribuye con cincuenta libras a la apertura del nuevo pub.

HASTINGS: Es que el Duque es muy liberal.

(Recoge unos papeles.)