Poetas

Poesía de Argentina

Poemas de Atilio Milanta

Atilio Milanta (San Nicolás de los Arroyos, Buenos Aires, 1926) es un abogado argentino. Reside en La Plata desde 1946.

Se recibió de abogado en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNLP. Entre 1956 y 1996 se desempeñó como docente de dicha unidad académica. Actualmente es Profesor Titular en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP.

Publicó su primer libro de poemas en 1960, Resonancias nicoleñas, y el último en 2006, Odas y poemas. En su prolífica producción literaria ha publicado cuarenta libros.

Integra la Comisión de Cultura del Colegio de Abogados y el Comité consultivo permanente de la Fundación FUNDADIS para el desarrollo y promoción de publicaciones específicas sobre el discapacitado. Es vicepresidente primero del Instituto Belgraniano de la provincia de Buenos Aires.

Fue presidente de la filial La Plata de la Sociedad Argentina de Escritores, presidente de la cooperadora de Bomberos de La Plata y vicepresidente de la Universidad Popular Alejandro Korn.

Fundó el Instituto literario Horacio Rega Molina y su sello editor Dei Genitrix, el Ateneo poético Nicolás Semorile, la Fundación Juan Vucetich de la cual es Presidente, el Instituto científico, cultural y literario Dr. Ginés García, y el Instituto poético Manuel Cazalla.

DE MI

Hasta que no dictaminamos sobre nosotros
jamás pondremos ese designio
en todo cuanto tiende a hacer un ser,
o nacer sin morir.
De allí, este misterio y esta verdad
que con torpeza disimulamos,
pretendemos ignorar,
o simplemente desechamos por inválida e inactual,
o sencillamente desdeñamos por arcaica.

Cuando todo a nuestro alrededor
se nos aparece como una conjura extraña
para destruirnos,
constituyéndonos como un nuevo templo,
nosotros nos esmeramos por abismar cada detalle.
O por torcer el rumbo.

Y al término, caer de rodillas con las manos sin nada.
Y en el alma, un desierto.

HACIA MI

LAS flores o quizá la idea de las flores.
O el reflejo de la rosa, el silencio del
pensamiento,
o la diadema que ayer habría querido en el jardín, o la anunciada margarita
que ha pasado.

La solapa desierta.
El corazón metido en la cabeza.
Y un bolsillo que enfría la mano.

La mano
aprisiona una idea, un latido.

La flor, tal vez la nada (¿yo
sólo sé quién soy?).

Cada trazo,
la palabra en búsqueda hacia el vacío.

El aroma se pierde y la idea
muere sin confirmar mi muerte.

Desfallezco. Duermo.

DESDE MI

EXTRAÑA fue la tarde, la nueva dimensión, la corola,
esta intención en que la mano alteró
los sentidos.

Externa fue la tarde. E interna
fue más tarde.

Hasta que ya el crepúsculo dejó
silencio, quietud, inquietud, calidez de nido
y ala. Y mariposa. Tal vez
sólo la mano.

La que se va de aquí.

CONMIGO, EN MI

El camino llegaba a los pies y hendíanse
de surcos apenas perceptibles
las miradas.

Y en el invierno de este julio el gris
del día
se pierde en el fondo de los ojos.

Espejo de sombras,
duermen esperas de silencios y penumbras.

El camino llegaba y se iba. Y en tanto
quedaba, bebía este aire como una luna
de arenas o cenizas
que busca nombres y los detiene
en el silencio de este cedro.

ÍNTER, ENTRE MI POÉTICA

Pulsar el instrumento, tener memoria
(o no tenerla),
alegría, tristezas, sentimiento. Pensar
a quien va el mensaje, la verdad, el canto.
Ser Belerofonte en su Pegaso, Panida, Apolo,
o un semidiós.
O el mismo dios.
Describirse o dibujarse en una línea,
o un pentagrama o una piedra,
como el horizonte. O una cruz.
Tensar el arco
y dispararse como lanzándose hacia adentro
y expulsarse al infinito
hasta quedar rodeado solamente de sí mismo
con el universo en su interior,
o en su mano,
o no más allá de su contorno.
O ser una partícula entre sus dedos.