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Literatura cubana contemporánea

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La literatura es algo más…

Tuve una conversación literaria; mejor dicho, una conversación sobre literatura (que ni es lo mismo ni es igual)

Tuve una conversación literaria; mejor dicho, una conversación sobre literatura (que ni es lo mismo ni es igual). Ahora probablemente van a preguntarse: ¿y bueno? No les faltará razón: uno tiene decenas, cientos de conversaciones sobre literatura a lo largo de su vida. Siempre que a uno le interese la literatura.

A mí me interesa la literatura. No vivo de la literatura. Ni siquiera aspiro a vivir de la literatura. Lo que me gusta es leer, de vez en cuando discutir un poco. Si las circunstancias lo permiten, escribir un artículo. En esa cuerda.

Ahora se impone una aclaración necesaria: no estudié literatura. Claro, lo hice durante la enseñanza media. Cuando estaba en el Instituto Preuniversitario de Sagua tuve un profesor de literatura espectacularmente bueno: Gabriel Bertot. Nacho, como le decíamos todos. No he podido olvidar sus hipnóticas charlas. Incluso cuando no hablaba de literatura era un lujo escucharle. Centenares de sus antiguos alumnos, hoy (como el resto de los cubanos) repartidos por el mundo, podrían dar fe de ello.

Una vez, recostado a su vieja bicicleta rusa, frente al “Sírvase Usted” de la calle Martí esquina a Céspedes (los sagüeros sabrán de qué establecimiento estoy hablando), Nacho me dijo: “no puedes decir que has leído si no has leído a Joyce, a Kafka, a Proust y a Thomas Mann”. Para entonces yo había estudiado en clase “La metamorfosis”; me habían hablado de la novela moderna y había chocado —¡por supuesto!— con los relatos de Hemingway gracias a aquella colección que publicó Huracán durante los años 70 bajo el título de Las nieves del Kilimanjaro.

Hace más de treinta años que tuve aquella conversación aleccionadora. Desde entonces han cambiado mis gustos. Ah, por supuesto, me leí en su momento a Joyce, a Kafka, a Proust y a Thomas Mann. Todavía conservo un ejemplar de La montaña mágica que me prestó mi amigo Richard, junto con un tomo de cuentos de Virgilio Piñera y otro de Waldo Frank que a él le parece fabuloso.

Desde entonces he tenido no sé cuántas conversaciones sobre literatura. En ninguna hemos estado 100% de acuerdo mis interlocutores y yo. He meditado al respecto y he decidido que el mejor modo de arribar a conclusiones es compartir mis experiencias.

He aquí —sin revelar la identidad de los opinantes— ciertas afirmaciones que en su día me resultaron conmovedoras. ¿Está bien lo de conmovedoras? ¿No sería mejor poner estremecedoras? ¿Desconcertantes, quizá? ¿Inquietantes? ¿Valederas? ¿Faltas de sentido común? ¿Todo lo contrario? ¿Ancladas en el conocimiento profundo del tema? ¿Calculadas? ¿Locas? ¿Arriesgadas? En fin…

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Onelio1 escribió verdaderas obras maestras, muchas veces sin saberlo. Tenía asimilada la técnica por lectura. Sin embargo, a mí me preguntó en más de una ocasión por qué no le funcionaba algún cuento; me decía que se le volvía “un embudo”. Entonces yo leía y trataba de explicarle: “Mira Onelio, tienes aquí un problema de punto de vista”. ¿Quiere decir por eso que no hacía buenos cuentos? ¡No, hombre, no! Onelio es nuestro más grande cuentista… La cultura es siempre beneficiosa para un creador. Pero no puedes aprender la técnica y utilizarla como si fuera una cárcel. Aquí enseñamos las técnicas para que puedan ser violadas. “Para no descubrir el Mediterráneo”, como decía Carpentier.

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¿Un rumbo definido? No. Es pronto para saber, con tantos remos golpeando el agua, para dónde irá el bote. Mi generación es joven aún, a las puertas de la vida, y solo el conocimiento profundo de esa vida es capaz de generar un arte valedero, perdurable; un racimo de significados que nos identifiquen junto con nuestra época, nuestras aspiraciones, como voceros que somos de las aspiraciones de todo un caos social. Están surgiendo muchas cosas interesantes, pero gran parte es solo comunicación con otras ya hechas, aquí o afuera, en épocas recientes. Apenas empezamos a emplear esos “mecanismos” para transmitir nuestros propios mensajes.

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No creo que exista una “carrera como escritor”. Al menos no para mí. Escribir, del modo en que yo lo asumo, o del modo en que se me da, no tiene nada de carrera: es más un asunto lento, divorciado completamente de la alta velocidad. Y sobre todo, sin una meta que vencer.

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La literatura es un pasatiempo para algunos, y para otros un vicio. Uno se dedica a ella “sin esperanza de gloria ni recompensa”. Pero a medida que pasa el tiempo (y se empieza a envidiar y a querer emular a los maestros), el arte literario exige más constancia, más cuidados, más renuncias. Y si un escritor va en serio, necesita una retribución o un mecenas… Es casi un tópico biográfico que la estrechez económica envenena (y a veces incentiva) a los escritores no consagrados. Tengo entendido que una vez Cervantes compitió en un concurso cuyo premio era un par de medias largas; que García Márquez se las vio negras mientras escribía Cien años de soledad. Sobran los ejemplos: Balzac, Bukowski, Kafka, Novás2… En Cuba, para colmo, se vive desde los 90 una crisis económica que, como es lógico, resta alternativas a los escritores jóvenes. La necesidad de hacer dinero se come el tiempo de muchos (incluso de escritores éditos). Otros claudican, en detrimento de la cultura cubana.

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En la literatura no hay leyes ni razones, ni se trata de una suma o una resta; en la literatura todo se compone de miradas propias, muy propias, y lo que no está claro para los ojos de un erudito puede ser muy evidente para un artesano… No sirve de nada armarse de ciertos conocimientos académicos y varios diplomas colgados en la pared si no se tiene una experiencia vital, algo que nutra y afiance la mirada y el lenguaje. Un escritor es, ante todo, una persona que tamiza la experiencia propia o ajena y produce literatura. Si revisas la lista de los novelistas a lo largo de la Historia verás que todos vivieron intensamente. Fueron personas que dedicaron su vida a viajar, a guerrear, a explorar, a vivir. El discurso resulta falso cuando no tiene sustento vital.

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No tiene demasiado mérito escoger una buena historia, que sabes que va a funcionar con cualquiera, ponerte a investigar y escribir luego una novela que igual pudo escribirla otro. No. La literatura es algo más. La literatura es tomar esa historia que a nadie interesa y contarla de tal manera, con un lenguaje tal, que se convierta en algo trascendente… Eso es literatura. La historia de Trotski y de su asesino no necesitaba a Padura. Una historia así se vende sola.

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El mayor logro de un escritor es que lo lean. No sé en la Antigüedad o durante la Edad Media, pero en el mundo contemporáneo no puedes darte el lujo de vivir en una torre de marfil y escribir para ti mismo o para los demás escritores. La literatura es pensar en el lector. Dejar que el lector disfrute y de alguna manera protagonice la historia, porque en definitiva todo lector es un escritor en ciernes. Estoy a favor de los best sellers. ¿Nadie se pregunta cuándo habrá best sellers cubanos? A ciertos escritores parece molestarles el éxito de otros escritores. No debían preocuparse por eso; debían preocuparse por atraer a sus propios lectores…

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Nunca, en ninguna época, se han ocupado tanto los escritores del aprendizaje de las llamadas “técnicas narrativas”. ¿Dónde aprendió Cervantes las técnicas narrativas, dónde las aprendió Martí? La sistematización del conocimiento es una consecuencia de la postmodernidad, de la globalización y de la tecnología. ¿Te parece que pueda hablarse de una literatura naif? ¿Los escritores que no pasan por un taller y reciben cursos de técnicas narrativas son escritores naif? No lo creo. Chejov no puede ser considerado un naif y era médico de profesión y no estudió filosofía ni literatura, ¿entiendes mi punto?

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¿No te impresiona que haya tantos escritores en Cuba? Claro que tiene que ver con el nivel cultural. Puede decirse que el pueblo cubano es un pueblo con nivel cultural, lo que no significa exactamente que sea un pueblo culto. La educación al alcance de todos es un hecho. La cultura al alcance de todos es una posibilidad, pero no deja de ser opcional. Puedes acercarte a la cultura o puedes alejarte. Depende de ti, no de las universidades o de los maestros que tengas. No creo que haya más escritores ahora que en otro momento. Lo que sucede es que ahora se publica a muchos más escritores. No se hace con un criterio funcional, utilitario, sino que se les publica porque ganaron un premio o porque están en el plan de un municipio o porque son potenciados por la AHS u otra institución cualquiera. Al final, ¿cuántos de esos libros se venden?

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Si la literatura tuviera que ver con el éxito y con las ventas; si el arte en general tuviera que ver con el éxito y con las ventas, la mayoría de los escritores y los artistas estaríamos embarcados…

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Muchos escritores de hoy, los jóvenes sobre todos, desprecian la anécdota, la buena historia. Esa literatura no trasciende, no puede trascender. La literatura no es mera forma, no se reduce al juego con el idioma, a la manipulación de los estados de ánimo del lector. Además, los hay que ni siquiera manejan con precisión las herramientas. Todo el mundo no es Góngora. Hay que escribir bien, pero escribir bien no basta. Porque si eso fuera todo, ¿de qué hablamos cuando hablamos de literatura?

NOTAS

1. Onelio Jorge Cardoso (1914-1986)

2. Raúl Hernández Novás (1948-1993)

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Sobre el autor

  • Leopoldo Luis

    . (La Habana, 1961). Periodista, fotógrafo y narrador. Licenciado en Derecho por la Universidad Central de Las Villas y Diplomado en Periodismo por el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Ha publicado los libros de cuentos Adiós, Habana (Ediciones Holguín, 2009), con el que obtuvo el Premio de la Ciudad un año antes, y Extraño bajo un paraguas (Editorial Capiro, 2013). Poemas suyos aparecen en el volumen El ojo de la luz. Antología de poetas y artistas cubanos (Diana Edizioni, Italia, 2009). Sus relatos han sido incluidos en las antologías El martillo y la hoz y otros cuentos (Reina del Mar Editores, 2013) e Isla en negro. Cuentos de crimen y enigma (Casa Editora Abril, 2014). Fue editor y administrador del sitio web de la revista cultural El Caimán Barbudo. Actualmente trabaja como periodista de la televisión hispana en Estados Unidos.