Poetas

Poesía de Chile

Poemas de Juvencio Valle

Juvencio Valle (Villa Almagro, Nueva Imperial, 6 de noviembre de 1900 – Santiago, 12 de febrero de 1999) fue un poeta chileno.

FRUTAL

Visión de árbol frutal. A mi destino
le ofrece miel y le prodiga aromas.
Yo, liquen de amor, trepo hacia arriba
loco en el ansia de morder su poma.

Mi vida ensaya su espiral de angustia.
Me hago esperanza sobre los caminos:
¡muero en el ansia de vaciar su copa
y hacerme nudo bajo su racimo!

Es venenosa su manzana rubia,
boca de sol que resplandece sangre.
Arde mi vida si en mi sed de fuego
hundo mis labios en la miel de su alma.

A LA NIÑA QUE HUÍA EN EL BOSQUE

Yo te iba siguiendo, silueta clara y fina,
en tu carrera loca, en tu fuga hacia el viento.
El viento en tu camino y en tu falda azulina,
yo te iba siguiendo, yo seguía tu huella,
yo seguía tus pasos de pluma, yo seguía
tu caprichoso y grácil huir de golondrina.

Por bosques y por montes yo te seguía, estrella,
oh mariposa rosa, junco de mis orillas;
yo te seguía, clara fuente de maravilla
y era blanca tu sombra y era de oro tu huella
por los siete caminos donde seguí tu estrella.

Qué amapola más roja llevada por el viento.
Oh qué caña más fina, que columpio más fácil.
Ibas tú como el humo voluble del incienso
e ibas como los hilos finos de la glicina
engarzando tu nimbo matinal en el viento.

Y con qué vivo empeño yo seguía tus pasos,
catarata de luces, volantín en el cielo.
La hojarasca mezquina me negaba tu rastro,
y tú huyendo, huyendo, por rutas de colores,
huyendo, huyendo, huyendo por las rutas más altas
sin que te aprisionaran los garfios de las flores
ni la oscura cisterna te albergara en su vaso.

ÁRBOL DEL PARAÍSO

No me dejes caer en la tentacion, Margarita,
apártame de tus dedos sabios como alfileres;
apártame de la cáscara de tu tronco con flores,
del caballo más dulce, apártame tú que puedes.

Líbrame de los viajes de miel al otro mundo
si debajo de un árbol el caballo me espera,
líbrame de los grafios de la montura blanca
de los lomos de nardo de la yegua canela.

Que no corran unidas la carrera preciosa,
la manzana del cielo y el puñal de la tierra.

No me dejes correr en tus canchas de flores,
que no pise tus hierbas fatales, Margarita,
en tus aguas ocultas que no derrame espumas,
en tus piedras azules que no levante chispas.

Desvíame de tus aguas –alcohol en racimo–
de las violentas aguas de tu amapola roja,
de la zarza envolvente y del surco en camino,
de la culebra de oro que en el árbol se enrosca.

Desvíame de la flecha de la curva y la línea,
y del alto y florido columpio de la hoja.

Eres árbol de leche, paraiso e higuera,
y estos fuegos alertas quieren quemar tu casa
explorar tus jardines y pisar en tus sedas,
Margarita levanta tu varilla de gracia
y defiéndeme del avance de la tenaz culebra.

CANTO AL AGUA

El agua azul y limpia y cristalina
nace desde las lindes de tu pelo
y baja, libre, hasta tus uñas finas.

Al agua canto y sobrellevo en vilo,
al agua azul que desvelada crece
desde tus plantas en delgado hilo.

Al agua, al agua limpia canto y digo:
desde mi oscuro abismo te presiento,
aguacopa, aguacielo y agualirio.

Bebe, María, bebe al agua fría,
pon tu boca en su boca, pon tu vida
sobre el deleite de esa resalía.

Desde tu pie dormido hasta tu pelo
súmate al agua en flor –lágrimas viva–
dilúyete en cristalino terciopelo.

Baja tu frente hasta tocar la piedra,
busca llorando la raíz del agua,
búscala de rodillas en la tierra.

DESTINO

Emoción sin raíz y sin espiga
que hincha el corazón de los botones
y desangra en aromas.

Pestañita de lumbre de mis antros
por donde va mi tosca melodía
y revienta en estrellas mi palabra.

Pecado que desgrana su lujuria…
¡con mis manos de barro lo recojo
y me parecen rosas sus espinas!

Polen de luz dormido sobre el alma,
¡Viene ebria la abeja de la vida
y aparecen los besos como estambres!

FAUNA LÍRICA

Hembra firme, sin macho, virgen bajo la selva,
y rítmicamente fina, voluptuosamente,
caminando lasciva con paso de culebra:
hecha del barro blanco con que se hacen los dientes,
con concurso de elásticos de apretadas almendras
y florido tamaño de árbol adolescente.

Hembra de azul guarida, faunesa de la selva
(Todos te ignoran, pero ¿yo necesito pruebas?

¿He de buscar el libro que no sabe de sueños?
¿He de poner en duda la palabra del trébol?
¿Han de importarme acaso las protestas de Octavio
si colgado en mis barbas me rezonga ¡mentira!
Y me busca querella por mis ochavos nuevos?)

Hembra de azul guarida, faunesa de la selva,
nadie te ha visto, pero aquí alumbran tus señas,
aquí queman y muerden como brasas tus huellas,
aquí está la hojarasca como revuelto lecho
y aquí está la ceniza donde ardieron tus piernas.

Ninfas que nadie ha visto, pero que sin embargo
(¿He de tener en cuenta las razones de Braulio
si me aturde la oreja porque lo que yo digo
no figura en los libros ni lo dicen los sabios?)

Ninfas que nadie ha visto, pero que sin embargo
en las lunas crecientes abren como corolas,
blanca la indefinible cucharada de sales
y dislocado el tenue talle como una soga.

LUZ UNITARIA

Quieta y firme en su fondo de dulce índice blanco
y vale decir de hueso puro o de metal sonoro,
o vale decir ruiseñor de piedra santa,
sal descubierta a golpes de herramienta
o campana cantando a golpe vivo.
Y vale decir de hermosa piedra congelada
o de dulce corazón y de lámpara.

Cincelada en celeste como una espada fría
y mas verde que el delgado corazón de alambre,
ni el agua limpia que pesa mas que un río
ni el sueño espeso que le sirve de alimento,
ni aun el esfuerzo de los elementos primarios
que establecen su cuerpo ideal en el aire,
ni la raíz, ni el hueso, ni la lámpara:
sólo su pura y dulce luz de adentro.

Su brasa inmóvil de duro y seco hielo
mas que una imperial estrella de hierro azul,
mas que un agua mineral de agrios filos;
toda encendida debajo de su pollera fría,
hecha hoguera y pan blanco, vuelta unísona leña,
toda retoñando por sus natales substancias,
labrando una sortija antigua con los dientes,
haciéndose una cavidad obscura con las uñas,
o un aire propicio para su naturaleza.

Crece su nuez adentro como un órgano nuevo,
crece como un sol solitario en un vientre,
como el diente del niño en la leche blanda;
crece el lento gusano transformándose en hueso,
crece el blanco carbón, crece hacia adentro.

Luminosa materia, en su gran consistencia
hay un gusto a pecado, existe un ciego beso,
una apretada lágrima de sal viva que quema;
hay un crimen violeta en este anillo espeso,
en este unido corazón que suena fuerte.

MARINA

Cuán triste te espera mi playa de arena.
Tu mar de belleza se acerca cantando,
me muerde y me deja su sabor de pena.

Cuando ya rendida te tengo a mi vera,
te yergues de nuevo, dejándome sólo
tu beso mordiente de angustia y salmuera.

Mi playa te espera doliente y serena,
pero en esa danza que cimbra tu vida
tú rompes mi pobre corazón de arena.

Mi playa te sigue tendida al ocaso…
Tu cuerpo de fruta, lejano y esquivo,
¡cómo lo tuviera ceñido a mis brazos!

ROBLE

¡Cómo le nacen hojas a mi roble,
cómo revientan flores en mis ganchos!

He sido, apenas, la raíz oscura
y hoy el amor me da su linfa grande.

¡Cómo me abrasa un hálito de surco,
y cómo tremolan mis anillos verdes!

La primavera me besó las manos
y entre los dedos me cuajó esmeraldas.

Gloria de un pobre gajo carcomido:
¡hoy también puedo perfumar el aire!

¡Decir que tengo suavidad de nido
y lengua de seda que se apaga y arde!

Aves del cielo cobijó mi copa
y se han vuelto cantos todas mis palabras.

¡Germinal de ensueños me besó la boca
y en hojas y flores reventó el milagro!

BOSQUE

¿Con qué llave de cábala han de abrirse tus arcas?
¿Con qué piedra de gracia he de golpearme el pecho
para que al fin se me abran como flores tus puertas?
¡Oh majestuoso duende de la barba florida!

Aquí estoy de aventuras, pero nada he resuelto.
Tantos signos me mienten. La centella, la aurora;
mis pasiones tan vivas, el diablo del Iaberinto
y esta duda de afuera como piedra y esfinge.

Aquí estoy de aventuras, pero nada poseo.
Ni el caballo que tiene la herradura de vidrio,
ni la cota de mallas para cambiar de cara,
ni la espada que canta como un lirio en el aire.

¿Cuál será la medida de tu sésamo ábrete?
¿Cuál la cisterna húmeda, pura como una polca?

Ya, comadre cigueña, baje del campanario,
eche su cuello al viento, baraje como una mula.
Calzado con mis virtuosas espuelitas de cobre,
corta se nos haría la estación de la luna.

Y, linda princesa mía, cómo estarás llorando
porque tu estrella triste se tumbó a la deriva.
Mas yo seré el que conquiste tu castillo de naipes,
el que te signe el pecho con su rama de olivo.

Y pobre del dragón verde que está echado en el césped
gozándose en la doliente procesión de tus lágrimas.
Yo le haré que se oville como un perro de lana
hasta lamer el polvo de oro de tus sandalias.

Aquí estoy, de aventuras, y está todo resuelto.
Yo seguiré mi norte, camino de la leyenda,
hasta que un sabio golpe de mi hacha de viaje
me haga llegar a siete estados bajo la tierra.