Poetas

Poesía de Francia

Poemas de Arthur Cravan

Arthur Cravan (seudónimo de Fabien Avenarius Lloyd; 22 de mayo de 1887, Lausana (Suiza) – 1918, océano Atlántico) fue un artista multidisciplinar, considerado un precursor del dadaísmo. Era hijo de Otho Holland Lloyd y sobrino político de Oscar Wilde, que se había casado en 1884 con Constance Mary Lloyd, hermana de Otho.

Durante su corta vida, se dedicó al boxeo, la literatura y la poesía, y llevó una vida viajera de bohemio.

Los motivos de la elección del seudónimo de Arthur Cravan son desconocidos, aunque Arthur Rimbaud era su poeta favorito.

Arre

¿Qué alma disputará mi cuerpo?
Oigo la música:
¿me arrastrará?
Me gusta tanto el baile
y las locuras físicas
que siento con evidencia
que, de haber sido jovencita,
habría acabado mal.
Pero desde que estoy sumergido
en la lectura de esta revista ilustrada
juraría no haber visto en mi vida
fotografías más asombrosas:
el océano perezoso meciendo las chimeneas.
Veo en el puerto, sobre el puente de los vapores,
entre mercancías imprecisas,
mezclarse los choferes con los marineros;
cuerpos pulidos como máquinas,
mil objetos de la China,
las modas y las invenciones;
luego, dispuestos a atravesar la ciudad,
en la suavidad de los automóviles,
los poetas y los boxeadores.
¿Cuál es esta noche mi error?
¿Que entre tanta tristeza
todo me parece bello?
El dinero que es real,
la paz, las vastas empresas,
los autobuses y las tumbas;
los campos, el deporte, las queridas,
hasta la vida inimitable de los hoteles.
Quisiera estar en Viena y en Calcuta.
Tomar todos los trenes y todos los navíos,
fornicar con todas las mujeres y engullir todos los platos.
Mundano, químico, puta, borracho, músico, obrero, pintor, acróbata, actor;
viejo, niño, estafador, granuja, ángel y juerguista; millonario, burgués, cactus, jirafa o cuervo;
cobarde, héroe, negro, mono, Don Juan, rufián, lord, campesino, cazador, industrial,
fauna y flora:
¡soy todas las cosas, todos los hombres y todos los animales!
¿Qué hacer?
Probaré con el aire libre,
¡quizás ahí podría prescindir
de mi funesta pluralidad!
Y mientras la luna,
más allá de los castaños,
unce sus lebreles
e, igual que un caleidoscopio,
mis abstracciones
elaboran las variaciones
de los acordes
de mi cuerpo,
que mis dedos pegados
a la delicia de mis llaves
absorben frescos síncopes,
bajo mociones inmortales
mis tirantes vibran;
y, peatón ideal
del Palais-Royal,
me embriago de candor
incluso con los malos olores.
Repleto de una mezcla
de elefante y de ángel,
lector mío, paseo bajo la luna
tu futuro infortunio,
armado con tanta álgebra
que, sin deseos sensuales,
entreveo, fumadero del beso,
coño, mamada, agua, África y descanso fúnebre,
detrás de las persianas tranquilas,
la calma de los burdeles.
Bálsamo, ¡oh mi razón!
Todo París es atroz y odio mi casa.
Los cafés ya están oscuros.
Sólo quedan ¡oh mis histerias!
los claros establos
de los orinales.
Ya no puedo seguir quedando fuera.
Ésta es tu cama; sé tonto y duerme.
Pero, último inquilino
que se rasca tristemente los pies,
y, aunque cayendo a medias,
si yo oyese sobre la tierra
retumbar las locomotoras,
¡cuán atentas podrían volverse mis almas!

Languidez de elefante

Yo era grandioso entonces, ¡querido Mississipi!
Desprecié a los poetas, gasterópodo amargo,
Me fui, ¡mas cuánto amor en las estaciones y deporte en
el mar!
¡Récord! Tenía seis años (¡aurora de los vientres y frescor
del pipí!)
Y esta mañana a las diez horas y diez minutos el rápido
Que flotando en raíles cruzaba trenes límpidos
Y me tiraba al aire, tobogán chapuzón.
A cien por hora íbamos y a pesar del rumor,
Con su encanto el periódico embriaga al fumador.
Y aunque así el expreso se hubiera
lanzado,
Entrenador que imanta albatros y palomas,
Con ese ritmo loco me había mecido el tren.
Mis ideas se doraban, era soberbio el trigo,
Pacían los herbívoros en pillos prados verdes,
Loco por boxear le sonreía a la hierba.

La provocación

¿Cuál es esta noche mi error?
¿Qué entre tanta tristeza?
Todo me parece bello
el dinero que es real
la paz, las vastas empresas,
los autobuses y las tumbas;
los campos, el deporte,las queridas,
hasta la vida inimitable de los hoteles.
Quisiera estar en Viena y en Calcuta.
Tomar todos los trenes y todos lo navíos,
fornicar con todas las mujeres
y engullir todos los platos.
Mundano, químico, puta, borracho, músico,
obrero, pintor, acróbata, actor;
Viejo, niño, estafador, granuja,
ángel y juerguista; millonario, burgués,
cactus, jirafa o cuervo; cobarde,
héroe, negro, mono, Don Juan, rufián, lord, campesino,
cazador, industrial, fauna y flora:
Soy todas las cosas, todos lo hombres y todos los animales
¿Qué hacer?”

Ahora

¿Qué alma disputará mi cuerpo?
Escucho la música:
¿Estaré entrenado?
Me gusta tanto el baile
Y las locuras físicas
Que siento con cierta obviedad
Que, si yo hubiese sido una niña
Me habría ido mal.
Pero desde que me sumergí
En la lectura de esta imagen
Juraría no haber visto ni mi vida
Ni fotografías de hadas:
El océano perezoso acunando las chimeneas,
Veo en el puerto, en el puente de los vapores,
Entre las indeterminadas mercancías,
Los marineros mezclarse con los conductores
Cuerpos pulidos como máquinas,
Miles de objetos de la
China,
Las modas e invenciones;
Entonces, listos para cruzar la ciudad,
En la suavidad de los automóviles.
Poetas y boxeadores,
Esta noche, ¿cuál es mi error,
Que con tanta tristeza,
Todo me parece hermoso?
El dinero que es real,
La paz, las vastas empresas,
Los autobuses y las tumbas;
Los campos, el deporte, las amantes,
Hasta la vida inimitable de los hoteles
Me gustaría estar en
Viena y en
Calcuta,
Tomar todos los trenes y todos los barcos,
Fornicar con todas las mujeres y devorar todos los platos.
Mundano, químico, puta, ebrio, músico, trabajador, pintor, acróbata, actor,
Viejo, niño, pícaro, matón, ángel, y vagabundo,
Millonario, burgués, cactus, jirafa o cuervo;
Cobarde, héroe, negro, mono, don
Juan, proxeneta, lord, campesino, cazador, industrial,
Fauna y flora.
¡Soy todas las cosas, todos los hombres y todos los animales!
¿Qué hacer?
¡Probemos al gran aire,
Quizás pueda ahí desprenderme
De mi funesta pluralidad!
Y mientras la luna,
Más allá de los castaños,
Amarra sus galgos.
Y, que así como en un caleidoscopio,
Mis abstracciones
Elaboran las variaciones
Acuerdos
De mi cuerpo,
Que mis pegados dedos
Al deleite de mis llaves
Absorben el síncope fresco,
Bajo movimientos inmortales
Vibran mis tirantes;
Y, peatón ideal
del
Palacio Real,
Me embriago con candor
Incluso del mal olor.
Lleno de una mezcla
De ángel y elefante
Mi lector, entono bajo la luna
Tu desgracia futura.
Armado con tanto álgebra,
Que, sin deseos sensuales,
Ya veo, el beso recalcitrante.
Idiota, pipa, agua,
África y el reposo fúnebre,
Detrás de las persianas quietas,
La calma de los burdeles.
El bálsamo, ¡oh razón mía!
Todo
París es atroz y odio mi casa.
Ya los cafés son negros.
No te quedes, ¡oh mis histerias!
Si no en los claros establos
De los urinales.
Ya no puedo quedarme afuera.
Aquí tu lecho; ser estúpido y dormir.
Pero, el último de los inquilinos,
Que se rasca tristemente los pies.
Y, aunque cayendo a mitades,
Si escuchase sobre la tierra
Sonar locomotoras,
¡Que mis almas sin embargo estén de nuevo atentas!