Poetas

Poesía de Cuba

Poemas de Chanito Isidrón

Cipriano Justino Isidrón Torres nació en 1903 en Calabazar de Sagua, concretamente en la Provincia de Villa Clara, Cuba. Sus padres procedían de las Islas Canarias, España. ​Tenía seis hermanos y una hermana.​ Sus improvisaciones comenzaron en 1911, cuando tenía sólo seis u ocho años en las fiestas que celebraba la gente de su barrio.  Así, participó en todas las fiestas en las que cantaban cantadores destacados en el panorama musical de esos momentos.​ En 1913 conoció a otros poetas y solía cantar sobre la tiranía que influía en las diferentes controversias de las que se hablaba en la sociedad.​ Solo pudo estudiar hasta tercero de primaria, ya que tuvo que abandonar el colegio por la pobreza de su familia. Así, se vio obligado a comenzar a trabajar en el ámbito agrícola. Sin embargo, un día, mientras trabajaba, tuvo un accidente en el que perdió un dedo de una de sus manos. Por esta razón tuvo que abandonar el trabajo rural, ya que ya no podía desempeñarlo​ y en 1931 comenzó a viajar por numerosos pueblos de toda Cuba, ejerciendo la labor de músico ambulante, tocando canciones con su guitarra. Así logró destacarse entre otros poetas y músicos, por lo que adquirió un gran éxito entre la gente, que lo bautizó con el sobrenombre de «Chanito».

En 1936, comenzó en la radio, concretamente en Santa Clara, trabajando en numerosos programas musicales que tenían como publico básico a la población campesina, dando a conocer su folclore musical. Algunas de sus décimas más importantes fueron Amores Montaraces, en 1938, con las que fundó las décimas basadas en novelas y dirigidas a ser emitidas en la radio. A esta décima, con la que tuvo de su mayor éxito, le siguieron otras décimas también muy importantes tales como «Amor y traición» (1939), «Arturo y Magdalena» (1939), «Abnegación» (1941) y «Diario de una huérfana» (1943).

Más tarde, se estableció en La Habana en 1941, y participó en el show «Buscando al príncipe del punto cubano», donde parece que triunfó. Tras esto, participó también durante un periodo de tiempo en la emisora Radio Lavín (actual Mil Diez), en el programa «Dímelo cantando». Posteriormente fue contratado por la emisora Radio Cadena Azul, la principal cadena de Cuba en número de oyentes, con el objetivo de que el decimista escribiera y cantara novelas campesinas pero en décimas. Algunas novelas compuestas en este periodo de tiempo no fueron publicadas, ​ya que el manuscrito era leído y prestado por mucha gente hasta que al final se perdió. ​Las obras sin publicar fueron: La huella fatal (1943); Más allá del amor (1944) y Los trágicos amores de Gloria Rangel (la cual fue publicada de forma parcial en el año 1986).

Chanito también participó en algunos espacios dirigidos a expresar la crítica social del momento (como son los programas «El Guateque de Apolonio» y «Como piensan los cubanos»). Puso fin a su carrera poética con la saga – biográfica y poética – del cubano «Manuel García, Rey de los Campos de Cuba» (1985), una saga basada en la vida del conocido bandolero Manuel García Ponce.

Aunque se jubiló en 1962, siguió participando en programas campesinos, como es el caso de Cañas.

Murió el 23 de febrero de 1987

COSAS DE UN GUAJIRO QUE ESTUVO EN LA HABANA

Yo fui a un baile de copete,
a un gran casino habanero
y llevaba mi dinero
en la vaina del machete.
Se formaba el gran sainete
cada vez que iba a «jalar»
el machete «pa» sacar
mi plata tan bien guardada,
que ya por la madrugada
no me dejaban pagar.

Por un drenaje biliar
fui a una clínica a La Habana
y por cierto esa mañana
no podía desayunar.
El doctor me hizo tragar
una manguera «apurao»
y yo le dije «asustao»:
«Doctor, me la siento atrás,
y si empuja un poco más
sale por el otro “lao”.»

Hallé un fotógrafo un día
con su aparato completo
que abajo de un trapo prieto
a retratar se metía.
Yo iba con la suegra mía,
se llamaba Esther Consuegra,
que iba con su saya negra
y el fotógrafo enfocó
y «equivocao» se metió
en la saya de mi suegra.

Vi en La Habana a una criatura
flaquita, que por relleno
se colocaba en el seno
dos chirimoyas maduras.
Luego allá en Monte y Figuras
fuimos a un baile de son
y en el primer apretón
que hube de darle bailando
los dos salimos regando
champola por el salón.

Yo llevé un gato a La Habana
criado en piso de tierra
que abre un huequito y entierra
todo lo que le da gana.
En el hotel, de mañana,
se puso el gato a escarbar
y le dije: «Si al llegar
no buscaste una barreta
el tesoro en la maleta
vas a tener que guardar».

En el parque de Colón
me monté en un carro loco,
y aquella noche por poco
me cortan la digestión.
El maldito socollón
me bailó como un muñeco
pero cuando encontré un hueco
salí gritando, «azorao»:
«¡Otro día, ni “amarrao”
me monto en ese tareco!»

Del corazón se enfermó*
mi mujer, allá en La Habana,
y el médico una mañana
a registrarla empezó.
El vestido le quitó,
saya, blúmer y refajo,
y yo al ver ese relajo
le dije: «No me conviene,
qué va, mi mujer no tiene
el corazón tan abajo».

*

Todo el que a casarse va
porque necesita abrigo
siempre encuentra a un buen amigo
que un mal consejo le da.
Yo no sé por qué será
que el hombre que se ha casado,
cuando mira a otro embullado
que busca su misma base,
le dice que no se case,
que ese es un paso mal dado.

Sabe el hombre la misión
amarga del que se casa,
pero cuando ve la masa
se le alegra el corazón.
Eso es igual que el ratón:
ve que otro ratón cualquiera
cae en la trampa y quisiera
huir del triste destino
pero el olor del tocino
lo lleva a la ratonera.

Yo también había jurado
cuando joven, no casarme,
para luego no encontrarme
pobre, hambriento y remendado.
Luego aquí por el Vedado
me enamoré de Pilar,
y esa sí me ha hecho rabiar
y maldecir mi destino,
porque me enseña el tocino
y no me deja llegar.

Miren, Manuel el Gallego
se casó con Rosalía,
que allí si es verdad que había
tocino hasta para luego.
Manuel quiso entrarle, ciego,
pero ella, que es algo cruel,
anda con Juan y Miguel
y con todo el que se asome,
y ahora todo el mundo come
tocino, menos Manuel.

FABIAN

Casa de campo dotada
de lujo y comodidad,
donde la felicidad
se tiene como alquilada.
La familia acomodada
de don Juán el patrono,
vive allí como en un trono
de esplendor extraordinario;
él es rico propietario,
es hacendado y colono.

Su esposa y sus hijas son
piezas de una misma hechura:
tres cuerpos de seda pura
y de piedra el corazón.
Divulgar su religión
es lo que les entretiene,
y la Biblia les mantiene
sus corazones contentos,
aunque de los mandamientos
cumplen lo que les conviene.

Con su pose adinerada
hoy vemos a don Julián
dándole al negro Fabián
clases de Historia Sagrada:
Mira, negro, no me agrada
que sigas siendo un ateo;
pon atención, que deseo
verte aprender con cuidado
todo este libro sagrado
que como hermano te leo.

Entonces, con sutileza,
se acercó el viejo africano
con un sombrero en la mano
y un pañuelo en la cabeza.
Mira, Fabián aquí empieza
la lección interrumpida,
la que antes de la comida
repasábamos, Fabián:
pasajes de Eva y Adán,
los que nos dieron la vida.

De Eva y Adán eres hijo
lo mismo que lo soy yo:
esa pareja pobló
el mundo que es tan prolijo.
Y no mintió el que te dijo
que nuestros padres, Fabián
son ésos: Eva y Adán
y aunque tú eres africano,
ante Dios eres mi hermano
y ante Dios te alabarán.

Entonces movió las manos
y dijo el negro Fabián:
¿Quiere decir, don Julián
que usté y yo somos hermanos?
¿Que no hay padres africanos,
cubano, españó ni inglé?
Dígame entonces por qué
usté calza buenas botas
y yo, con las carnes rotas
tengo podrío lo pie?

Yo vivo en la choza fria
que se cala como un jibe,
y usté, que es mi hermano, vive
en casa de mampostería
¿Dónde tá la herencia mía
de Adán cuando se fue al cielo?
Usté tá viviendo al pelo,
bien comío y abrigao,
y yo con hambre, ripiao,
y con lo pie por el suelo.

No, Fabián la evolución
del mundo ha sido muy grande,
y no hay razón que demande
igualdad de posición.
El Dios de la creación
que hizo a nuestro padre Adán
puso su mayor afán
en que haya grandes y chicos,
unos pobres y otros ricos:
así es el mundo, Fabián.

Bueno, tá bien, don Julián
esto usté me lo perdona:
¿el perro de la patrona
también es hijo de Adán?
Pos yo veo que le dan
bistec­filete y congrí
y si perro come así
de lo que a mi me negaron,
¡jum!, a ese hermano dejaron
mejor herencia que a mí.

Don Julián se vio cogido
por la lógica que pesa
y tiró sobre la mesa
el libro descolorido.
Fabián siguió­ No he querido
señalarlo con el deo,
pero callarme no pueo,
don Julián y le soy franco:
¡ese libro lo hizo un blanco
`pa meterle al negro mieo.

Chácaras y Tambores de Guadá

Un campo maravilloso
lindo sol que reverbera
sublime brisa campera
cielo azul y suelo hermoso
un valle verde y gracioso
una montaña intrincada
una límpida cañada
y una espléndida vivienda
toda esta es la gran hacienda
de don Patricio Moncada.

Tiene el viejo don Patricio
una posición que encanta
lugar donde se levanta
un señorial edificio.
Enemigo del bullicio
huyó de la sociedad
y en aquella soledad
cómodamente albergado
cuidaba de su ganado
y de su gran propiedad.

Además de poseer
un Packard negro cerrado
montar su potro dorado
constituye su placer
en el que suele correr
detrás de la vaquería
…………………………

Así comienza la historia de Manuel García
contada por Isidrón:

De los pueblos matanceros
‘El estanque de Alacranes’
recuerda siempre a los manes
de sus mártires primeros.
Muchos canarios vegueros
allí llegaron un día
y la tierra labrantía
convirtieron en vergel
junto a doña Isabel
Ponce y Vicente García.

Esos esposos isleños
quisieron tener un chico
y les nace Vicentico
premio inicial de sus sueños.
Son tiempos más risueños
para el matrimonio aquel
y luego a doña Isabel
el año cincuenta y uno
le nace un nuevo montuno

al que le ponen Manuel.

Manuel es niño robusto
de rostro muy agradable
…………………………………

Mi 75 aniversario

Ya inició el último cuarto
de siglo de haber nacido
y mi madre haber sufrido
el ¡ay! del último parto.
Si lo olvido reparto
en etapas prudenciales
son tres las más esenciales,
y la final será ésta
que coronará mi testa
con las nieves invernales.

Y yo, Cipriano Isidrón
-quizás si mi nombre asombre,
porque quien me puso el nombre
no me tuvo compasión.
Pero hay una explicación
por muchos desconocida
y es que mi madre querida
que se llamaba Cipriana,
años cumplió la mañana
en que me trajo a la vida.

Por esa causa al chiquito
denominaron Cipriano;
el Cipriano bajó a Chano
y Chano vino a Chanito.
Muchas manos han escrito:
“Señores Chano y Sidrón”,
figurándose que son
dos, como Diana y Apolo,
sin saber que es uno solo
largo, flaco y narizón.

Y no me equivoco. Ya estoy
en el momento supremo
de la vida y no le temo
si el último tumbo doy.
¿La tumba me llama? Voy
con mi modesto equipaje
a realizar ese viaje
de precisión absoluta
y con la hoja de ruta
en el bolsillo del traje.