Poetas

Poesía de Estados Unidos

Poemas de Edwin Arlington Robinson

Edwin Arlington Robinson (22 de diciembre de 1869– 6 de abril de 1935) fue un poeta americano que ganó tres premios Pulitzer por su trabajo.

Los clérigos

No creí que podría encontrarlos allí
Cuando retornara; pero estaban en ese lugar
Al igual que en los días en que soñaban con la sangre
Joven que tenían en los pómulos y en las mujeres
Que los consideraban hermosos.

Me recibieron con un aire de ancianos –
Y en verdad, existía en el viejo taller una hermandad
Alrededor de ellos, y los hombres eran tan buenos
Y tan humanos como siempre lo fueron.

Tú que has tratado tanto de ser sublime,
Y ustedes que se alimentan con el propio linaje,
¿A qué se reducen sus ilusiones y temores?
Poetas y reyes pasan, pero los clérigos del Tiempo
Siempre están hilando el mismo opaco paño del descontento
Abrazando el mismo triste encaje de los años.

La casa en la montaña

Todos han partido
La casa está clausurada
No hay ya nada más que decir.

A través de las paredes partidas y las tejas
El viento sopla helado y penetrante;
Todos se ha alejado.

No hay allí un solo día
Para hablarles si están bien o enfermos;
Ya no hay nada más que decir.

¿Por qué entonces andamos perdidos
Alrededor de ese dintel hundido?
Todos se han alejado.

Y nuestro pobre drama-imaginativo
Para ellos es arte gastado:
No hay nada más que decir.

El jardín

Hay un jardín sin cerca muy crecido
Con semillas y flores y todo tipo de hojas;
Y una vez, entre las rosas y las poleas acanaladas,
El jardinero y yo estuvimos solos.
El me guió hasta la figura donde yo había lanzado
El hinojo de mis días en tierra infértil,
Y en la anarquía de malas hierbas afligidas encontré
El fruto de una vida que era mi propia existencia.

Mi vida! Ah, sí, ahí estaba mi vida, sin duda!
Y ahí estaban todas las vidas de la humanidad;
Y era como un libro que podía leer,
Con cada hoja, milagrosamente suscrita,
Volteándose a sí misma de la semilla eterna del pensamiento,
Arraigada por el amor en el jardín de la mente de Dios.

Queridos Amigos

Queridos amigos, no me reprochéis lo que hago,
Ni me aconsejéis, ni me compadezcáis; ni me digáis
Que estoy desperdiciando la mitad de mi vida
Por un trabajo errático que sólo los tontos persiguen.
Y si mis burbujas son muy pequeñas para vosotros,
Alentar vuestras propias esferas mayores: los juegos en que participamos
Para satisfacer los fragmentados minutos del día,
Los buenos objetivos son los que se leen a través del espíritu.

Y aquellos que lo perciban se dotarán de una habilidad astuta;
Y una cierta y despreciable renuncia escasamente fértil,
Alabar exactamente aquello que deploran,
Así que, amigos (queridos amigos), recordad, si podéis,
La vergüenza que gané por cantar es inseparablemente mía,
El oro que perdí por soñar es todo vuestro.

Demasiado café

Juntas en infinita sombra
Desafían la invencible aurora,
La Medida que nunca se hizo,
La Línea que nunca se trazó.

Richard Cory

Siempre que Richard Cory bajaba a la ciudad
nosotros lo mirábamos pasar desde la acera:
él era un caballero de pies a coronilla,
gustoso de lo limpio y regiamente enjuto.

Y él estaba siempre compuesto con sosiego,
y era siempre humano cuando hablaba;
mas agitaba pulsos al decir los buenos días
y resplandecía cuando andaba.

Y sí que era rico, más rico que los reyes,
y admirablemente triunfaba en cada gracia.
En fin, nosotros nos creímos que era todo
para soñar que estábamos viviendo en su lugar.

Seguimos trabajando y esperando alguna luz,
vivíamos sin carne y maldecíamos el pan,
y en una calma noche de verano, Richard Cory
fue a casa y se metió un balazo en la cabeza.