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Literatura cubana contemporánea

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Pedro Santacilia

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¡Adiós!

¡Partir es preciso! –Con voz iracunda
que parta me ordena destino feroz,
el llanto por eso mis ojos inunda
que es triste a la patria mandar un ¡adiós!

No más, Cuba hermosa, veré tus montañas,
tus límpidas aguas, tu fúlgido sol;
que pronto vagando por tierras extrañas
ni habrá quien escuche mi lúgubre ¡adiós!

Por eso abatida mi frente altanera
la nube oscurece de acerbo dolor;
por eso es horrible la voz lastimera
que sale del pecho diciéndole ¡adiós!

No más la sonrisa veré seductora
del ángel hermoso que guarda mi amor,
y sola y doliente mi suerte deplora
la voz escuchando que lleva este ¡adiós!

Mi triste familia que gime angustiada
al cielo elevando ferviente oración,
tal vez para siempre de mí separada
tan solo el recuerdo tendrá de mi ¡adiós!

Mis fieles amigos, mis pobres cubanos,
al yugo sujetos de férrea opresión,
también un suspiro cual buenos hermanos
darán al proscrito que manda este ¡adiós!

¡Adiós, pueblo mío! –Con voz iracunda
que parta me ordena destino feroz,
el llanto por eso mis ojos inunda
que es triste a la patria mandar un ¡adiós!

Si quiere el destino que lejos sucumba
del suelo adorado que vida me dió
mi voz postrimera: la voz de la tumba
en alas del viento te irá con mi ¡adiós!

 

A Cuba

Cuba, Cuba mi patria querida,
vergel bello de aromas y flores,
cuyo cielo de puros colores
densa bruma jamás ocultó.

Yo a las sombras nací de tus palmas;
tus sabanas corrí siendo niño,
y por eso mi eterno cariño
adorarte por siempre juró.

Yo no envidio los goces de Europa,
las grandezas tampoco que encierra,
que es más bella mil veces mi tierra
con sus brisas, sus palmas, su sol.

Con su sol que el invierno respeta
sin que pueda su mano de hielo
la verdura borrar conque el cielo
nuestros vírgenes campos vistió.

Nunca helada se vio, Cuba hermosa,
en tu suelo la limpia corriente,
ni del ábrego el soplo inclemente
agostó de tus prados la flor.

Los cafetos cuajados de frutos
cubren siempre tus altas montañas
y en los llanos dulcísimas cañas
miel nos brindan de rico sabor.

En tus bosques jamás, patria mía,
el rugido se oyó de la fiera
que sedienta de sangre corriera
de la víctima mísera en pos.

Aquí solo se escucha en el campo
el arrullo de tierna tojosa
y la voz apacible, armoniosa,
del sinsonte que canta su amor.

No en tus valles las pardas almenas
se descubren de viejo castillo
que recuerden al pueblo sencillo
los horrores de tiempo feudal.

Allí solo la ceiba coposa
alza bella la frente altanera
y a su lado la verde palmera
que hace suave sus pencas sonar.

Cuba, Cuba, mi patria querida,
vergel bello de aromas y flores,
cuyo cielo de puros colores
densa bruma jamás ocultó.

Yo en tu suelo nací venturoso,
tú abrigaste mi cándida infancia
y por eso mi eterna constancia
adorarte por siempre juró.

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