Poetas

Poesía de Colombia

Poemas de Pascual Guerrero

Pascual Guerrero Marmolejo, nacido el 17 de mayo de 1894 en Palmira y fallecido el 20 de agosto de 1945 en Cali, se erige como una figura polifacética en el panorama literario y político colombiano. Este distinguido poeta, escritor y político dejó una marca imborrable al donar y gestionar los terrenos para la construcción del emblemático estadio de fútbol que lleva su nombre en Cali.

Durante un periodo de su vida, Guerrero residió en Cuba, donde se entregó apasionadamente a la poesía y a la enseñanza. Más tarde, retornó a Colombia y asumió la alcaldía de Cartago, demostrando su compromiso con el servicio público. No obstante, es su contribución al mundo del deporte la que perdura como uno de sus legados más notables.

En un encuentro con Emilio Manrique, presidente de la Liga de fútbol del Valle del Cauca, surgió la visión de erigir un estadio de fútbol para la ciudad. Guerrero, con su característica determinación, prometió que si alcanzaba la elección como diputado a la Asamblea del Valle del Cauca, se encargaría de materializar este sueño. En 1935, la promesa se cumplió y los terrenos donados por Pascual Guerrero fueron aprobados para la construcción, respaldados por una asignación presupuestaria de 50 mil pesos a través de la ordenanza del 28 de julio de 1935. Este gesto altruista culminó con la inauguración del estadio en el barrio San Fernando de Cali el 20 de julio de 1937.

El impacto de este estadio trasciende las fronteras de lo deportivo, al celebrar el cuarto centenario de la ciudad con el histórico partido entre Colombia y México. La gesta quedó inmortalizada con los goles de Romelio Martínez, Julio Mera y Roberto Meléndez, dos de los cuales dan nombre a estadios en Barranquilla.

Pascual Guerrero Marmolejo, más allá de sus roles como poeta y político, es un ícono de la generosidad y el compromiso cívico, dejando una huella indeleble en la historia de Colombia y en el corazón de los amantes del fútbol en Cali. Su legado perdura en cada gol y en cada susurro de poesía que impregna los vientos de su tierra natal.

Semblanza

Bajo el sol de tu blonda cabellera
se incendian los claveles de tus labios
y en tus ojos, divinamente sabios,
hay un vivo destello de Quimera.

Ojos que tienen la sabiduría
de aprisionar el alma en las miradas
y revelan regiones ignoradas
donde es más bello y luminoso el día.

Tienes en el andar, cierta arrogancia,
y da tu cuerpo en flor, dulce fragancia,
cuando te besa en su vaivén la brisa…

En tanto, con sutil delicadeza,
florece en el jardín de tu belleza
la rosa espiritual de tu sonrisa.

Tú que vas a la fuente…

Tú que vas a la fuente, –¡oh, ideal soñadora!–
a la fuente de linfas armoniosas y bellas,
cuando la noche augusta sus jardines enflora,
y en las aguas apura resplandores de estrellas;

Cuando bañas tu cuerpo con la luz de aquel astro
que da a las cosas una mística transparencia,
cerca un halo divino tus formas de alabastro
y viertes en la noche una sutil esencia.

¡Oh, ideal soñadora, de tristes ojos claros,
y cabellos de oro…! Dulces ensueños raros
florecen en mi alma sensible, si te miro…

Y hasta cuando te alejas, creo ver en la tarde
que la luz de tus ojos melancólicos arde
y que exhalan las rosas tu fragante suspiro.