Literatura cubana contemporánea

  • Síganos en:

Poetas

Rubén Medina

Otros poetas

Poemas

Malamuerte

Desde la azotea del edificio Tioga
en la universidad de San Diego
una estudiante ha saltado al aire de la noche.
Las noticias invaden la mañana.
Y las madres cierran los ojos de horror
y abrazan a sus hijas.
A los padres se les rompe la mirada
como un vidrio por la piedra de un niño travieso.
Los psicólogos aprietan los dientes y los puños
y odian a la vida como a una pared de niebla.
La iglesia pide por el alma de la jovencita.
y aconseja a los jóvenes buscar a dios.
El FBI manda a sus sabuesos.
La gente murmura cosas de oído a oído,
un ruido como de cadenas y campanas.
Los jóvenes se revuelcan en un silencio de siglos.
Los altos funcionarios ni siquiera se enteran.
Y los que alguna vez han pensado en el suicidio
se preguntan cuál sería su secreto
mientras se les pone la piel de gallina
y se sienten más solitarios que nunca.
Los poetas se van a la cantina más próxima.
Y los amigos cercanos llevan para siempre
un pájaro dormido en alguna parte del cuerpo.
Desde la azotea del edificio Tioga
en la universidad de San Diego
una estudiante ha saltado al aire de la noche
como quien abre una ventana y se convierte en Sueño.

 

de 1 rostro melancólico vislumbras 1 pincelada del Durero
de alguien feliz su mueca de payaso aficionado
de 1 árbol: el tembladero de pájaros sorbiéndole la nuca
de 1 verano en llamas atrapas pedazos de universo lamiéndole la cara
el momento en que 1 muchacha inerranable
se rasca su camisola oaxaqueña
exactamente junto a la medialuna de sudor de las axilas
& más allá de la cáscara está la pulpa / & como 1 extraño regalo del ojo
la pestaña
o este otro fragmento que crucialmente entreteje otros fragmentos:

Sin embargo 1 aún camina por aquí como gorrión feliz
como Chaplin el día que besó por primera vez a Mary Pickford
alguien pasea con 1 radio de transistores
que parece su segunda oreja
Galileo descubre la ley del péndulo observando
el columpiar dulzón de estos amantes
violentamente unidos & medioconsumidos por la niebla
creyendo los muy necios que el Amor a dentelladas
terminará por brillar en technicolor

y esto en el mismo m2 / a la misma hora
en que el polo norte & el polo sur
la tesis & la antítesis del mundo
se reconocen
como 1 aerolito incandescente & ovni en problemas
e inexplicablemente se saludan

 

el que sueña con revoluciones que se estacionan demasiado tiempo
en el Caribe
el que quisiera arrancarles los ojos a los héroes de los posters
para mostrar al desnudo el hueco de la farsa
la muchacha de ojos verdes gatunos & fílmicos
aunque a lo mejor acercándose resultan azules o quién sabe
el estudiante todo adrenalina & poros revoltosos
el que no cree en nadie / ni siquiera en la belleza kantiana
de algunas admiradoras de Marcuse
& estalla gritando que estamos podridos por la furia /
deshidratados por tanto tomo de teoría…
~ los que vienen aquí a llorar / hasta tallarse —como en madera—
1 rostro de mártir paranoico
después de destrozar —no precisamente de entusiasmo—
las butacas de los cines
el que escribe su testamento o su epitafio en 1 servilleta arrugada
& luego lanza versos al aire / —& todo el mundo supone
que celebra su cumpleaños o el divino himeneo de antenoche—

 

BROWN BUFFALO

No te pude dar el Distrito Federal,
con sus azoteas insomnes,
sus catástrofes naturales y sociales,
sus calles repletas de historias anónimas
y conocimientos que no se aprenden
en las universidades,
sus saludos amorosos y agresivos.

Te traje, en cambio, por San Diego,
Oaxaca, San Francisco, Guanajuato,
Madison, Puerto Escondido, Tijuana,
mientras buscaba empleos
y espectáculos callejeros
en ciudades que ya nunca serían
como las de mi infancia y adolescencia.

Creciste por las carreteras,
en un triángulo por el que obstinadamente
uníamos a California, el Medio Oeste
y la altiplanicie mexicana. Y
en el camino devorabas libros,
tus manos dejaban de ser torpes,
escribías tus primeros poemas
y tu mirada fue descubriendo
lo que hay detrás del horizonte.

No te pude dar el Distrito Federal,
pero tú sabiamente escogiste otra metrópoli,
otra arena movediza,
acorde a tu propio pulso.
Y allí estás: Brown Buffalo
con Nueva York a tus pies
más que sobre tus hombros.

Siempre asumí que era
natural que los hijos
dejarían la casa y la familia
a los 18 años
como lo hice a esa misma edad.
Con los años ya no pienso igual.
Entre la libertad, la resignación y el egoísmo
se nos va la vida.

No te pude dar el Distrito Federal,
mi inquieto y joven búfalo:
por ahora tú escogiste Nueva York.

Comentarios a: "Rubén Medina"

He leído y acepto las políticas de privacidad

(*)Requeridos